¿Cómo se pone en música el miedo a la muerte? Cristóbal de Morales lo resuelve en el segundo compás de Peccantem me quotidie: antes de que suene un solo acorde, el mi de la contralto choca contra el fa del bajo. Una séptima menor sobre la palabra "pecado". La obra recién empieza y el oído ya sabe de qué se trata.
Un motete es una obra coral sacra a varias voces, en latín, sobre un texto que no pertenece a la misa. Este de Morales, compositor sevillano del siglo XVI, dice en seis versos algo muy concreto: peco todos los días, no me arrepiento, el temor a la muerte me perturba, en el infierno no hay redención, ten piedad de mí, sálvame.
Es una partitura sencilla: corta, fácil de leer, fácil de armar. Por eso la elegí. En "No me vengan con el verso" dejo las obras complejas a los maestros invitados y me ocupo de las que la mayoría de los coros puede cantar. La sencillez no le quita nada: cada verso recibe un tratamiento musical distinto.
Hay una lógica en el rumbo de las melodías de esta obra, y tiene que ver con lo que dice el texto. Hay una nota que cambia de menor a mayor justo sobre una palabra clave. Hay un momento en que casi todas las voces llegan a su punto más agudo, y no es casual qué palabra están cantando. Y hay una decisión de dirección, tan simple como elegir en qué unidad marcar, que cambia cómo respira la obra.
En la clase escuchamos dos versiones del motete y analizamos compás por compás cómo Morales convierte un pedido de salvación en música.
Entender por qué el compositor puso cada disonancia donde la puso te da argumentos para pedirle al coro que cante con intención, no solo las notas. Soy Gus Espada, director de coro, y esta es la clase 31 del curso "No me vengan con el verso".
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