Para pintar el cielo, Francis Poulenc no sube la melodía ni se queda con las voces agudas: cambia una sola nota. En La blanche neige, la primera de sus Sept chansons de 1936, un do sostenido sobre la palabra ciel convierte el acorde de la menor en la mayor por dos corcheas, y el cielo suena. Esa es la clase 36 del curso "No me vengan con el verso".
El texto es de Guillaume Apollinaire, del libro Alcools de 1913: ángeles en el cielo, uno vestido de oficial y otro de cocinero, una primavera que condecora con un sol, un cocinero que despluma gansos. Y recién en los últimos versos aparece el verdadero motivo del poema: cae la nieve y quien habla no tiene a su amada entre los brazos. El contexto de los dos autores lo conté en el episodio 208 del podcast "Dirección Coral Online", que se llama igual que esta clase.
En la clase recorremos la partitura con el texto al lado. Hay un silencio de corchea que separa una repetición, un acento sobre cada L'un, y un pasaje en el número 1 de ensayo que al oído suena atonal y en el papel es otra cosa: dos pares de voces, cada uno en su tonalidad. También hay tres solistas por cuerda para hablar del cielo, y una pregunta que dejo abierta sobre cuántos coreutas hacen falta para que eso se note.
El final vuelve al motivo del principio con una nota cambiada, y la obra, que empieza en la menor, termina en la mayor con séptima, sexta y novena. Por qué el penúltimo acorde no da sensación de cadencia es lo último que vemos.
Este tipo de lectura, obra por obra y con la partitura delante, es lo que hacemos en el curso. Soy Gus Espada, director de coro, y te espero en gusespada.com.
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