Durante la cuarentena, muchos coros vocacionales se encontraron con el mismo problema: cómo aprender una obra nueva sin poder juntarse a ensayar. La experiencia de grabar un video coral a distancia dejó varias lecciones sobre qué funciona y qué no a la hora de enseñar partes en ese contexto.
Lo ideal es trabajar con una obra que el coro ya tenga madura, cantada en años anteriores. Pero si el repertorio previo es complejo —con agudos exigentes o ritmos difíciles—, conviene descartarlo y enseñar algo nuevo, siempre que sea sencillo. Cuanto más simple es el ritmo, más fácil resulta después sincronizar los audios individuales de cada integrante en la mezcla. La vocalización grupal, además, deja de ser viable en ensayos virtuales: en la práctica, el trabajo vocal a distancia se reduce a un mantenimiento, no a un desarrollo técnico real.
Para enseñar la parte se envió la partitura en PDF, audios generados con voces sintetizadas (Vocaloid) y un video con el MIDI reproducido en Sibelius, que muestra visualmente por dónde va sonando la música. El Vocaloid resultó muy útil para quienes tienen dificultad en poner el texto a una melodía nueva, porque simula una voz cantando. Su problema es el timbre artificial, el exceso de vibrato y que no reproduce bien las dinámicas: todo suena igual, sin forte ni piano ni crescendo. La recomendación es empezar a estudiar con Vocaloid y después pasar al MIDI, que sí respeta mejor los matices aunque suene más "cuadrado".
Dos ensayos resultaron insuficientes para una obra de apenas 42 compases: hubiera hecho falta uno más para revisar con más cuidado la afinación, el ritmo y el tratamiento vocal antes de pasar a la grabación. Quien quiera reforzar estos aspectos de lectura musical con su coro puede revisar el trabajo de Analía Miranda, o profundizar en armonía con el Curso Básico de Armonía II.
Una decisión que generó discusión fue pedir solo video a la mayoría del coro, y audio aparte únicamente a quienes tenían buen micrófono en casa. Con el tiempo se sumaron más audios sueltos: para corregir errores puntuales es mucho menos estresante pedir que regraben solo el audio que pedirles todo el video de nuevo, con luz, plano y vestuario incluidos.
El problema fue no dar recomendaciones claras para grabar esos audios: terminaron llegando en formatos muy distintos —desde micrófonos buenos hasta grabaciones de WhatsApp, la peor calidad posible—, lo que empobreció el resultado final aunque las voces fueran buenas. La lección es clara: cuanta mejor sea la calidad del audio original, menos trabajo de disimulo tiene que hacer después quien edita, y un problema de fraseo escondido en la mezcla es, en los hechos, una voz que falta.
También quedó pendiente chequear que todos grabaran el video en formato vertical: recortar un horizontal después es un lío y nunca queda del todo bien.
Elegir repertorio sencillo, dar tiempo suficiente de ensayo, combinar distintos tipos de material de estudio y separar la grabación de audio y video son decisiones que mejoran mucho el resultado final de cualquier proyecto coral a distancia. Para quienes quieran que el coro aprenda de oído, sin depender siempre de partituras y arreglos escritos, el Curso de arreglos de oído ofrece una metodología pensada exactamente para eso.