Episodio #152: Por qué dirigir un coro de niños?- con Hugo Adrián Ramallo


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Por qué empezar con los más chicos

Hugo Adrián Ramallo dirigió durante 42 años el Coro Municipal de Niños y Jóvenes de Pergamino. En 2007 escribió, para el anuario de Adicora, un artículo titulado "Por qué dirigir un coro de niños" que puede descargarse en https://1drv.ms/b/s!AhY9XomXNGAxg-0SB33d9hAhXfsy2A?e=96XiWc.

Para Ramallo, el trabajo con coros de niños es fascinante porque son los propios chicos los que le van marcando al director cómo debe conducirse. Sostiene que la formación coral debería empezar mucho antes de la escuela primaria: en el jardín de infantes, donde los chicos deberían cantar de manera libre y recreativa, sin pensar todavía en la palabra "coro".

Ahí, dice, el problema suele ser la preparación musical de las maestras jardineras. Cuenta que muchas canciones infantiles clásicas estaban escritas en tonalidades demasiado agudas, lo que hacía que los chicos con voces más graves parecieran desafinados sin serlo realmente. Y advierte sobre algo más simple todavía: si una maestra no afina bien y los chicos pasan muchas horas escuchándola cantar, van a reproducir esa desafinación.

Un coro en cada escuela

Ramallo recuerda una frase célebre de un colega: "Un coro en cada escuela". Le parece una idea todavía vigente, pero aclara que no debería tratarse de un coro selectivo que representa a la institución, sino de un trabajo dentro del aula, con todo el grupo, incorporando afinación, tonalidades, velocidades y trabajo corporal como contenidos básicos.

El obstáculo, según cuenta, tiene que ver con decisiones institucionales: en muchas escuelas los directivos eligen actividades artísticas como plástica o danza porque implican menos organización que la música, y en las ciudades más chicas la materia de dirección coral en los conservatorios suele darse con poca práctica real frente a chicos.

Primeros pasos para armar un coro escolar

Gus le pregunta a Ramallo qué debería hacer un maestro de música sin experiencia coral previa que quiere armar un coro con los chicos que se quedan después de hora. Ramallo responde que lo primero es conocer al grupo: hacerlos cantar mucho, ver qué les gusta, antes de proponer formalmente la idea de un coro.

Sobre el repertorio, señala que hay que evitar dos extremos: ni canciones infantiles demasiado antiguas, ni las canciones livianas que los chicos escuchan por televisión. La clave está en escuchar qué quieren cantar los propios chicos, aunque ese repertorio incomode al director. Durante la entrevista, Gus recuerda que quienes dirigen coros con integrantes que recién están aprendiendo a cantar o a leer música pueden encontrar cursos y arreglos corales en gusespada.com/suscribirme.

Respecto a cómo organizar las voces y graduar la dificultad, Ramallo plantea que la progresión —de unísono a dos voces, y después a cánones— tiene que salir del conocimiento que el maestro va construyendo de su grupo, y no de un plan fijo de antemano.

Cantar en cualquier lugar

Para cerrar, Ramallo insiste en que cantar no debería limitarse al ámbito escolar. Menciona clubes de madres, comisiones de fomento, cooperadoras, fogones de campamentos: cualquier espacio donde haya adultos y chicos puede ser una oportunidad para cantar juntos. También sugiere que las instituciones con coro de adultos y sin coro de niños son un lugar natural para armar uno, aprovechando la estimulación mutua entre generaciones.

Adicora, la asociación de directores de coro que impulsó el artículo original, permite asociarse completando una ficha en o en https://adicora.org/pagos2/ficha-de-inscripcion/.

Quienes quieran colaborar con la continuidad de este espacio pueden hacerlo a través de https://cafecito.app/gusespada.