Elisabeth Guerra escribió en 2011, para el anuario de Adicora, un artículo llamado "Elogio a Dublanc, el prolífico maestro y su imperecedera herencia", con motivo del centenario del nacimiento del compositor. Trece años después, releyó ese texto para esta entrevista con Gus Espada y contó que en aquel momento la intención era poner en valor una figura que las generaciones más jóvenes ya conocían poco. El artículo completo puede leerse https://1drv.ms/b/s!AhY9XomXNGAxg-17TrT9M_nhv1dhXA?e=RSKnCm.
Guerra explicó que Emilio Dublanc nació en Buenos Aires pero tuvo una labor decisiva en Mendoza durante la década del 40, como docente en los inicios de la Escuela de Música de la Universidad Nacional de Cuyo y, junto a Víctor Volpe, en la formación de un coro de niños en el colegio Murialdo. Señaló además que la esposa de Dublanc, Lucrecia Victoria Gómez, también fue docente y compositora, y que su tarea suele quedar afuera del relato habitual.
Gus le preguntó cómo encajaba Dublanc en el panorama de la composición argentina de su tiempo. Guerra lo ubicó en la generación de compositores de fines de los años treinta, junto a Guastavino, Guillermo Graetzer e Isabel Aretz, y sumó a otro compositor santafesino poco difundido que también escribió mucho para coros infantiles escolares. A diferencia de contemporáneos como Juan Carlos Paz o Ginastera, más cercanos a las vanguardias europeas, Dublanc y Guastavino mantuvieron una estética más romántica y nacionalista, con poesías y ritmos locales. Para Guerra, esa elección no fue azarosa: respondía también a convicciones políticas y a una manera particular de construir identidad, tomando "el aroma" de lo popular sin sumergirse del todo en él.
Guerra insistió en que componer para coros de niños, como lo hicieron Dublanc y otros de su generación, fue un modo de legitimar esa práctica como hecho artístico en sí mismo y no como una simple preparación para cuando los chicos crecieran. Contó que ella misma dirigió durante años un ciclo de canciones de Dublanc basado en poesía local, que incluye distintas formaciones corales —a una voz, al unísono, a dos voces, con solistas— y cierra con una pieza en forma de huella. También trabajó piezas de otro ciclo del compositor, escrito sobre poemas que narran anécdotas familiares de la colonización de Santa Fe alrededor de 1860, de tono muy dramático, vinculadas incluso a episodios de peste y cólera.
Para Guerra, elegir repertorio de Dublanc en la actualidad es una forma de poner en valor una parte de la historia de la música argentina y de reconocer el aporte pedagógico de alguien que fue, ante todo, docente. Puso como ejemplo el ciclo de canciones más difundido del compositor, con giros que invitan al juego y a la ronda antes de adentrarse en el resto del texto: una manera de abordar ese repertorio desde lo lúdico, algo que consideró necesario en cualquier época de la infancia. Mencionó también que la investigadora Silvia Nasif dedicó buena parte de su trabajo a estudiar la obra de Dublanc y dejó publicados varios artículos al respecto.
Para quienes dirigen coros de niños, la charla es una invitación a mirar el repertorio de compositores argentinos de mediados del siglo XX no como piezas de archivo sino como material vivo, capaz de combinar valor histórico y potencial lúdico en un mismo ensayo. Quienes quieran asociarse a Adicora pueden completar la ficha de inscripción , disponible también en https://adicora.org/pagos2/ficha-de-inscripcion/. Para recibir cada nuevo episodio de "Dirección Coral Online" existe la posibilidad de suscribirse en gusespada.com/suscribirme, y quien quiera sostener el proyecto puede invitar un café en https://cafecito.app/gusespada.