Ciclo “Esenciales de la Dirección Coral”- #2: el ensayo


Técnica de dirección
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Cualquier instrumentista puede tomar su instrumento a cualquier hora del día y practicar todo el tiempo que quiera. Los directores de coro no tenemos esa posibilidad. Si bien hay tareas que podemos avanzar en casa, como estudiar la partitura con el piano, practicar los gestos o escuchar una grabación o un archivo MIDI, el único momento en el que realmente dirigimos nuestro instrumento es en el ensayo. Y como la mayoría de los coros vocacionales ensayan una o dos veces por semana, muy raramente tres, somos instrumentistas que practican muy pocas horas semanales con su instrumento.

Esto genera que muchos directores le pongan una carga enorme de ansiedad a los ensayos, porque quieren hacer todo en ese único momento, y la mayoría de las veces no se puede. Tampoco funciona como con un pianista que se sienta, abre la partitura y empieza a tocar: el coro vocacional es un instrumento que hay que construir en cada ensayo. Está integrado por personas a las que hay que enseñarles a cantar y muchas veces a afinar, y que generalmente no leen música. Hay que enseñarles la música para que la memoricen como mínimo, aunque también conviene, de a poco, ayudarlos a comprender la mayor cantidad de elementos que se encuentran dentro de una partitura, sin convertir el ensayo en una clase de teoría.

El coro también es un espacio de socialización que los integrantes necesitan, y el ensayo es además el lugar donde se organizan proyectos, actividades, encuentros corales y se conversa sobre el repertorio. En apenas dos o tres horas se cruzan las expectativas de cada integrante, las del propio director y una cantidad de asuntos impostergables, entre ellos la música, que sin ensayo no funciona. Por eso el director no solo es músico: también es gestor y organizador de tiempos y eventos. La gestión se puede delegar en los propios integrantes del coro, pero la dirección musical no: ahí es donde entra en juego la técnica de ensayo.

Qué es la técnica de ensayo

La técnica de ensayo es el conjunto de procedimientos y herramientas que tiene cada director para alcanzar sus objetivos musicales mediante el uso eficiente del tiempo de ensayo. En cada encuentro hay que trabajar técnica vocal, afinación, balance, musicalidad, empaste, expresión, enseñanza de partes y las dificultades técnicas propias de cada obra. Para ordenar todo eso, la técnica de ensayo se apoya en varios ítems.

Jerarquizar los problemas. Hay que escuchar lo que ocurre mientras el coro canta, decidir cuáles son los problemas más importantes y dejar los menores para después, y comunicarle al coro con rapidez qué se va a trabajar. No conviene tomarse varios minutos para decidir ni para explicar: se necesita velocidad de pensamiento y de comunicación.

Disponer de una amplia caja de herramientas que permita resolver los problemas de manera creativa. Esa caja depende de la formación y los cursos realizados, de la experiencia acumulada por ensayo y error, y sobre todo de la creatividad para probar distintas maneras de resolver un mismo problema. La forma menos creativa de trabajar es repetir un pasaje una y otra vez sin variar el recurso. Por ejemplo, ante un problema rítmico, en lugar de pedir que se repita el pasaje hasta que salga, se puede cantar solo el ritmo con el texto, palmear el ritmo sin melodía, hacer juegos rítmicos específicos o trabajar previamente ese ritmo en las vocalizaciones. Así se resuelve el problema más rápido y se conserva la musicalidad, porque no hay nada más antimusical que la repetición exagerada.

Diagnosticar correctamente el tipo de problema. Distinguir si una dificultad es rítmica, de texto, de afinación en una cuerda puntual, de técnica vocal o de armonía es clave, porque el diagnóstico correcto permite elegir la herramienta adecuada. Si se aplica una herramienta armónica a un problema de técnica vocal, el problema no se resuelve.

Los criterios para elegir la herramienta correcta

El primer criterio, y el más importante, es que los ensayos se planifican. El estudio previo de la obra permite anticipar qué dificultades rítmicas, melódicas, armónicas, de fonética o de técnica vocal es probable encontrar, y pensar de antemano qué soluciones aplicar según cómo responde el propio coro. Llegar al ensayo con ese plan ahorra mucho tiempo de trabajo.

El segundo criterio es separar las dificultades. Si hay un problema melódico en un pasaje, conviene quitarle el ritmo, la armonía y el texto, y trabajar solo esa cuerda con la dificultad melódica; después se agrega el texto, luego el ritmo y el tempo, y por último el resto de las cuerdas para formar la armonía. Si el problema es rítmico, primero se baja el tempo, se quitan las melodías de las partes y, si hace falta, también el texto; una vez resuelto el ritmo, se van sumando los demás parámetros.

El tercer criterio es la ubicación del problema. Si la dificultad está en el compás 340, no hay que pedirle al coro que cante desde el principio: se trabaja el problema en ese compás, se canta un poco de lo que sigue, se retoma unos compases antes para unir, y recién después, si hace falta, se toma desde el inicio de la sección o desde el comienzo de la obra. El problema siempre se trabaja en el lugar donde ocurre.

Existen muchos más criterios y conceptos que pueden formar parte de la técnica de ensayo, porque no es una ciencia exacta: cada director termina construyendo la suya propia.

Para profundizar en estas herramientas está disponible el Curso de Técnica de Ensayo I. También puede resultar útil revisar La Técnica de Dirección o, para quienes preparan el material de ensayo, el curso de Edición de partituras y archivos midi en SIbelius.