El problema de la partitura


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Según el tenor español Plácido Domingo, la voz recoge y traduce la salud física, las preocupaciones emocionales y los problemas personales de quien canta. Sin embargo, es habitual encarar la preparación vocal como si la voz fuera únicamente cuerdas vocales, diafragma y aire. La técnica Alexander parte de una idea distinta: cada persona funciona como un todo, y trabajar con más soltura y menos rigidez en el cuerpo repercute directamente en el canto.

Marisol Becerra Lojo, profesora de canto y especialista en técnica Alexander, se dedicó al canto lírico y popular en Buenos Aires y en Córdoba, y actualmente combina esa formación con arte-terapia en sus clases. En una entrevista para el podcast, explicó de qué se trata esta técnica y cómo se aplica al trabajo vocal.

¿Qué es la técnica Alexander?

La técnica fue desarrollada por un actor australiano que investigó cómo reeducar su propio cuerpo para ser más consciente de su uso cotidiano: la voz, la cabeza, la columna. Aunque nació ligada al trabajo vocal de su creador, no es exclusiva del canto: es una reeducación del movimiento aplicable a cualquier persona, porque el cuerpo funciona como una cadena muscular. Las tensiones en el cuello, la cadera o la respiración repercuten siempre en el uso de la voz.

Uso del cuerpo y pensamiento

Buena parte de lo que se hace con el cuerpo —cómo se habla, cómo se canta, cómo se respira— ocurre de manera automática, sin conciencia. Esos automatismos se convierten en hábitos, y los hábitos pueden ser constructivos o no. La técnica Alexander usa el pensamiento reflexivo para identificar qué hábitos corporales existen y empezar a modificar los que generan tensión.

Crear un nuevo hábito y reeducar el movimiento

Una vez identificado un hábito —por ejemplo, respirar por la boca en lugar de por la nariz— se puede trabajar conscientemente para reemplazarlo por otro más sano, a través de dos conceptos centrales de la técnica: la inhibición y la dirección.

El tórax y la respiración

Ser consciente de cómo se respira es central tanto para quienes cantan como para quienes dirigen coros. En esta parte del trabajo se abordan los músculos que intervienen en la respiración, especialmente el diafragma y el psoas, y su relación con el movimiento de todo el cuerpo.

Técnica Alexander y la voz

La laringe no funciona aislada: está rodeada de musculatura interrelacionada con el resto del cuerpo. Un buen uso del cuerpo y la voz no solo mejora el sonido, también genera bienestar: la voz se cansa menos, se tensiona menos y aparecen menos problemas vocales o respiratorios con el tiempo.

Lo que se hace sin darse cuenta

Gran parte del trabajo vocal ocurre en el plano inconsciente: el cerebro capta y absorbe información constantemente, sin que la persona lo note. Por eso la técnica insiste en la idea de totalidad: se puede hacerse consciente, por ejemplo, de una tensión en el cuello, pero eso es apenas una parte de un proceso mucho más amplio que involucra a todo el cuerpo. El objetivo es volver consciente esa información para que, con el tiempo, se incorpore de una forma más sana.

Qué pasa en un coro

Desde su propia experiencia como coreuta, Becerra Lojo señaló la importancia de darle a cada integrante del coro un espacio para entrenar la percepción del propio cuerpo: notar tensiones, explorar la propia individualidad. Es un proceso más lento, pero más sano y duradero. Además, cuando una persona dentro del grupo empieza a trabajar conscientemente su cuerpo, ese cambio tiende a contagiarse a quienes cantan a su alrededor, y repercute en el sonido general del coro.

Quienes quieran seguir recorriendo el archivo del blog pueden encontrar también materiales como Historia de los grupos vocales en Argentina II.

Para quienes dirigen coros, estos conceptos ofrecen una herramienta concreta: dejar de pensar la voz como un mecanismo aislado y empezar a trabajar con los cantantes desde la conciencia corporal, algo que impacta tanto en la salud vocal como en el sonido colectivo del grupo.