Patologías de la voz con las que un director se encuentra con frecuencia- con María José Novo


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¿Cómo distingue un director si ese ruidito que escucha en una voz es apenas nervios o una señal que merece la opinión de un profesional de la salud? Sobre esa pregunta gira la charla con María José Novo, fonoaudióloga, directora de coros y ex alumna de Gus Espada.

María José Novo se define como amante de la música desde chica: fue coreuta toda su vida, se formó como licenciada en fonoaudiología y después hizo el profesorado en educación musical, lo que la llevó a la dirección coral. Trabajó como asistente de dirección con Tristán Malbrán y hoy dirige un grupo vocal vocacional integrado por personas sin experiencia coral previa.

Qué preguntar en una prueba de voces

Según María José Novo, en la primera entrevista con quien quiere entrar al coro hay síntomas que funcionan como alerta más que como alarma: la tos, la carraspera, si la persona tuvo disfonías o afonías, si canta fuerte todo el día y qué le pasa con su voz después. Ella misma aclara la diferencia entre esos dos términos: la disfonía es una alteración de la voz en la que todavía sale sonido, aunque mezclado con ruido; la afonía es la ausencia total de sonido, típica de una laringitis o faringitis fuerte.

Otras señales que menciona: que la voz se entrecorte al subir a un agudo, o que aparezca fatiga o dolor de garganta al terminar de cantar. Advierte, sin embargo, que en la prueba misma juegan los nervios de quien se siente evaluado, y eso puede confundirse con un síntoma real.

Cómo detectar la tesitura cómoda

María José Novo explica que la tesitura son los tonos que una persona da de manera cómoda, sin esfuerzo ni pasaje. Para ubicarla, propone partir del tono que usa esa persona al hablar —el que se repite más en una conversación— y desde ahí subir o bajar hasta notar cuándo empieza a carrasparse o a decir "para, para": ese punto marca el límite de su rango cómodo.

Advierte además sobre las voces intermedias, como los barítonos o las mezzosoprano, que muchas veces terminan usándose como comodín según la necesidad del director. A su criterio, es preferible ubicar a esas voces en cuerdas más graves que en cuerdas más agudas: el cuerpo tolera mejor la hipotensión que la hipertensión, y forzar el sobreesfuerzo hacia el agudo es un riesgo a futuro cuando la persona todavía no tiene técnica vocal ni respiratoria desarrollada.

Gus Espada le pregunta si conviene repetir esa evaluación con el tiempo, y ella coincide: sugiere un nuevo control a los seis meses para ver si la persona modificó su tesitura o presenta algún síntoma nuevo, siendo la fatiga el primero en aparecer.

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El hiato y los nódulos

María José Novo aclara que el hiato —el espacio entre las cuerdas vocales— se usa muchas veces como si fuera un diagnóstico, pero en realidad es un síntoma de que algo en el sistema de producción de la voz no está funcionando bien. Se percibe como un escape de aire agregado al sonido, y suele acompañarse de fatiga o dificultad para sostener los agudos.

Distinto es el caso de los esbozos nodulares o nódulos cordales: tumoraciones benignas, comparables a una callosidad, que se forman cuando las cuerdas vocales chocan en lugar de vibrar suavemente, por exceso de tensión o esfuerzo al buscar determinadas notas. Según explica, esa irritación repetida puede convertirse primero en un esbozo nodular y después en un nódulo si no se corrige el funcionamiento vocal. Son benignos y se resuelven con tratamiento fonoaudiológico, pero mientras persisten no conviene que la persona siga cantando sin una técnica adecuada.

María José Novo advierte también sobre un caso frecuente en la prueba de voces: alguien habla con voz disfónica y rasposa, pero al cantar "se manda agudos bárbaros" porque fuerza el contacto de las cuerdas. A la larga, ese esfuerzo puede derivar en una patología vocal más seria, por lo que recomienda prestar atención a cómo habla una persona, no solo a cómo canta.

Cuándo el director tiene que frenar a un cantante

Para María José Novo, lo ideal es que el director esté en contacto con el otorrinolaringólogo o el fonoaudiólogo que trata a esa persona, aunque sea con una nota breve. Aclara que el hiato en sí no es motivo de alarma ni hay que obsesionarse con "cerrarlo": lo que hay que atender es el desequilibrio del sistema que lo produce. En esos casos, recomienda evitar que la persona cante en tonalidades extremas, tanto muy agudas como muy graves, porque cualquiera de las dos exige un sobreesfuerzo dañino.

El caso de los nódulos es distinto: ahí sí conviene que la persona no cante en el coro hasta corregir el problema, aunque puede seguir participando como oyente o en otra tarea para no alejarse del grupo. María José Novo insiste en que suspender el canto por completo puede ser tan negativo como ignorar el problema, porque para muchas personas cantar es una parte central de su vida y la frustración de dejarlo puede pesar más que la disfonía misma.

Personas sin oído afinado y organización de los ensayos

María José Novo cuestiona la frase "no tiene oído": según explica, esa persona escucha y tiene el órgano intacto, pero todavía no logra ubicarse dentro de una gama de notas, algo que se resuelve con educación auditiva y vocal, no con un diagnóstico definitivo. Aclara que aceptar a alguien en esa situación depende del tipo de coro y de la paciencia disponible, tanto del director como de quien está aprendiendo a afinar.

Sobre la organización del ensayo, recomienda que no se extienda más de dos horas salvo en coros profesionales entrenados, porque la voz funciona con músculos que necesitan tiempos de entrenamiento. La vocalización previa, dice, no debe ser improvisada sino progresiva: primero relajación corporal, después respiración, luego ejercicios de bostezo, masticación y gestualidad orofacial, y solo al final el trabajo de resonadores y glissandos según el repertorio. También sugiere destinar unos minutos al cierre del ensayo para relajar y elongar, del mismo modo que se hace después de correr.

La comunicación entre el director y cada cantante —para transmitir sin alarmar, para acompañar sin exponer— es en definitiva una cuestión de liderazgo. Ese aspecto se trabaja con más detalle en el curso Comunicación y Liderazgo.