Cuando un coro no puede reunirse de la manera habitual, la pregunta no es "¿cómo reemplazo el ensayo?" sino "¿qué actividades sí son posibles con lo que tengo?". Ese fue el punto de partida de Laura Alberti, directora del Coro de Adultos Mayores de la Universidad Nacional de Villa María, cuando la cuarentena por el coronavirus interrumpió el año recién empezado. Su coro, con integrantes de entre 60 y 93 años, pertenece justamente al grupo de mayor riesgo, y ensayar por videollamada nunca fue una opción viable para ella.
En vez de forzar una réplica virtual del ensayo presencial, el equipo de trabajo (dirección, preparación vocal, instrumentista y una trabajadora social) construyó una rutina mínima: los lunes de 5 a 6, el mismo horario que antes ocupaba el ensayo, quedó reservado para un grupo de WhatsApp donde la gente se conectaba según podía. Empezó como charla ("cómo están", "qué están haciendo") y con juegos simples —trabalenguas, armar oraciones entre varios, adivinanzas—, antes de convertirse en un espacio de trabajo vocal real.
La preparación vocal se resolvió con videos cortos, de cinco o diez minutos, subidos a un canal de YouTube oculto para no ocupar espacio en los celulares de los integrantes. No se pidió devolución grabada: bastaba con que cada uno cantara en su casa, a su ritmo, sin la presión de mandar un audio para ser corregido. La idea explícita fue que nadie dejara de cantar, aunque fuera solo un rato de conexión con su propia voz.
Esa lógica se parece bastante a lo que en cine se llama https://aprendercine.com/plan-de-rodaje-plantilla-cortometraje/: un documento que no sigue el orden de la historia sino el orden de lo posible, según actores disponibles, locaciones y presupuesto. Nadie filma una película en el orden en que se ve en la pantalla; se organiza por lo que se puede resolver cada día. Un plan de ensayo bien pensado funciona igual: no avanza necesariamente en el orden "ideal" de una obra, sino en el orden que permiten las circunstancias reales del grupo.
El ejemplo más extremo de esa lógica es el rodaje de https://es.wikipedia.org/wiki/Trilog%C3%ADa_cinematogr%C3%A1fica_de_El_Se%C3%B1or_de_los_Anillos#Rodaje, donde las tres películas se filmaron juntas a lo largo de años, sin depender de que cada parte estuviera terminada para empezar la siguiente. Algo similar hizo este coro con una zamba que llevaba años posponiendo: la decisión fue simplemente sostener el trabajo, sin apurar resultados, confiando en que el tiempo de aprendizaje de cada persona iba a marcar el ritmo real, no el calendario institucional.
Uno de esos juegos —pedir canciones de la infancia que cada integrante recordaba o le cantaba a sus nietos— terminó convertido en un proyecto concreto: un pequeño video con arreglos de canciones infantiles como el arrorró, "la lechuza" y "sobre el puente de Avignon", pensado para instituciones que trabajan con la primera infancia. Se grabó de a grupos de tres personas en un estudio, respetando los protocolos, y quienes no podían grabarse cantando participaron leyendo un texto que se intercaló entre las voces. Nada de esto estaba planificado al principio del año: surgió de sostener una actividad simple, semana a semana, sin exigirse un resultado artístico inmediato.
Este relato acompañó también la difusión de una clase del curso Historia de los grupos vocales, que en ese momento avanzaba sobre la relación entre la situación política argentina y la actividad de los grupos vocales en la década del 70.
Para quien dirige un coro, la lección práctica es clara: un plan de ensayo no tiene que perseguir un resultado musical fijo para ser útil. Alcanza con que ordene lo que sí se puede hacer con el grupo que se tiene, en el momento que se tiene, y deje que el resultado aparezca después, como consecuencia de sostener el vínculo antes que el repertorio.