Técnica de Dirección: la postura inicial


Técnica de dirección
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¿Por qué un director de coro necesita trabajar su postura corporal igual que un instrumentista? Porque la postura es el fundamento de cualquier técnica: la de un pianista, un violinista, un percusionista o un cantante. Dirigir relajado no es un detalle estético: una rutina de dos o tres ensayos semanales de dos horas, o un concierto de sesenta minutos, exige que brazos y cuerpo trabajen sin tensión. Además, los cantantes miran constantemente al director, en el ensayo y sobre todo en el concierto. Si se les pide que canten relajados, resulta coherente que quien dirige también lo esté: esa relajación se transmite, así como las tensiones.

Esta clase es la primera de las cinco que forman el curso Técnica de dirección Coral I. Las siguientes trabajan los diseños básicos para marcar compases de 4, 3, 2 y 1 tiempo coordinados con la respiración; la independencia de brazos —la capacidad de mover cada brazo con gestos propios pero sincronizados entre sí, necesaria para dirigir con los dos brazos—; los ataques y cortes, donde entra el concepto de levare, el impulso preparatorio que antecede al golpe y que se apoya en la respiración, junto con la distinción entre movimiento pasivo y movimiento activo; y finalmente las entradas, dirigiendo en paralelo con ambos brazos y adaptando el diseño cuando la entrada no cae en el tiempo fuerte.

La postura inicial se construye de abajo hacia arriba. Los pies van separados a la altura de los hombros, en un ángulo de 45 grados, ni juntos ni abiertos: cualquiera de los dos extremos hace perder el equilibrio. Las plantas apoyan completas, sin cargar hacia adentro ni hacia afuera, y los dedos van sueltos. Los tobillos no deben estar cerrados ni bloqueados, y las rodillas tienen que estar sueltas: ni flojas hacia adelante ni trabadas hacia atrás.

Para encontrar la posición natural de la cintura conviene hacer círculos con la cadera, primero hacia un lado y después hacia el otro, y detenerse en el centro de ese círculo: ahí está la posición natural, evitando los dos extremos viciosos, pelvis hacia adelante o "sacando cola". La columna es un eje recto que se proyecta hacia el piso y hacia arriba; la espalda va derecha, los hombros relajados y el cuello suelto. Todo este trabajo requiere mucha autoconciencia corporal, por eso conviene practicarlo frente a un espejo de cuerpo entero.

Antes de pasar a los brazos ayuda un repaso de relajación básica con los ojos cerrados: chequear plantas, dedos, tobillos y rodillas, y si hay duda sobre algún punto, tensionarlo y soltarlo (por ejemplo la cintura). Para enderezar la espalda sirven los círculos de hombros, llevando la cabeza suavemente hacia atrás en el último círculo y devolviéndola a su lugar. Para el cuello, círculos hacia un lado y hacia el otro, llevar la oreja hacia cada hombro ayudándose con el brazo contrario, y llevar la cabeza hacia adelante apoyando ambos brazos sobre ella. También conviene revisar la cara, porque se usa mucho al dirigir y cualquier tensión se transmite al coro.

Para los brazos y las manos, que deben conservar en movimiento la misma relajación que tienen quietos, sirve el ejercicio del titiritero: imaginar un hilo o elástico atado a la punta del dedo mayor, con la muñeca muerta y los dedos flojos, como apoyada en un caño. Un titiritero tira del hilo: primero se levanta el dedo, después el resto de la mano, y al soltar cae todo. Se repite agregando el antebrazo (se levantan dedos, muñeca y antebrazo, y cae todo al soltar) y por último el brazo completo desde el hombro. La idea es que esa relajación de brazo, muñeca y dedos se conserve cuando ya no hay caño ni titiritero y se levantan los brazos para dirigir de verdad.

El armado final se hace balanceando los brazos hasta dejarlos, en un momento, paralelos al piso y paralelos entre sí —ni cerrados ni demasiado abiertos—, como si estuvieran apoyados sobre una mesa. Conviene dejar un poco de aire entre los brazos y el cuerpo, como si hubiera un salvavidas: en ese colchón de aire se apoyan los brazos y eso ayuda a sostener la relajación. Dirigir con los brazos pegados al cuerpo o "rechazando" hacia adelante impide que el sonido del coro llegue al director.

Quien ya sigue el programa completo puede complementar esta base con la clase de Estudio y Memorización de Obras Corales II, dedicada al estudio de las partes: una estrategia para trabajar la sonoridad de las voces por separado y combinadas cuando no se cuenta con dominio de un instrumento para tocar la partitura completa.

Automatizar esta postura no requiere horas de práctica: alcanza con dos o tres minutos diarios, pero todos los días. El resultado es un gesto relajado y preciso que no se tensiona durante ensayos largos ni conciertos extensos, y que además transmite al coro la misma relajación que se le pide al cantar.