En 2013 Guillermo Tesone escribió, para el anuario de Adichora, un artículo llamado "Una aproximación a la interpretación de la canción romántica alemana". Once años después, Gus Espada lo invitó a repasarlo en una entrevista para Dirección Coral Online.
Tesone contó que releer el artículo lo llevó a confirmar buena parte de lo que había escrito, aunque hoy lo ampliaría con algunas ideas más. Sigue usándolo como material en la cátedra de Dirección Coral del Falla, donde da clases. Para él, cuanto más abarcativo es el conocimiento de un director —cuanta más música de otros estilos, folclores y países pueda estudiar— mejor va a hacer, después, la música propia.
Gus planteó un problema central del oficio: a diferencia de un compositor vivo, con quien se puede hablar para entender lo que no está escrito en la partitura, la música del Romanticismo alemán —como buena parte del repertorio coral— obliga a trabajar por aproximación: estudio, escucha, investigación histórica. Tesone coincidió y agregó que en épocas como el medioevo, el renacimiento o el barroco ni siquiera hay grabaciones de referencia, solo teorías y tratados escritos. Ante esa falta de certezas, dijo, lo importante no es decidir qué es "válido" o no, sino tener un criterio honesto: no hacer algo simplemente porque "queda bien" o "gusta", sino poder justificarlo.
Según Tesone, la música coral alemana del Romanticismo es la primera etapa en que el coro se piensa como instrumento en sí mismo, con compositores que escriben específicamente para coro a capela. La forma central es el Lied, la canción alemana, estructurada en estrofas y estribillos de un modo que, señaló, no cambió sustancialmente hasta hoy: la misma lógica de estructura y de relación entre melodía y armonía puede encontrarse, salvando las distancias, en una canción de los Beatles.
Acercarse a este repertorio, explicó, es sobre todo acercarse a la poesía alemana culta —muchas veces de un siglo anterior al de los propios compositores— y entender el texto antes que la música: escuchar la traducción, entender qué historia se está contando y cómo se la quiere contar. Autores como Mendelssohn, Schumann o Brahms marcan pautas de interpretación distintas según se trate del primer romanticismo o del posromanticismo.
Gus planteó un problema muy concreto: en muchas ediciones de Lieder tróficos (los que repiten la misma música para varias estrofas), el texto de cada estrofa aparece repartido entre las distintas voces —la primera estrofa en la línea de la soprano, la segunda en la de la contralto, y así— lo que obliga, por ejemplo, a los bajos a mirar el pentagrama de la soprano para cantar su propia letra.
Tesone fue tajante: es tarea del director resolver esto antes de llevar la partitura al coro, reescribiendo la partitura si hace falta —aunque eso implique duplicar la cantidad de páginas— para que cada integrante tenga su texto claro debajo de su propia línea, e incluso escribir la fonética debajo del texto original en alemán. "No hay que crearle más dificultades" al cantante, dijo.
Sobre la fonética en sí, remarcó que es responsabilidad del director conocerla y enseñarla, y que cuando se trabaja con idiomas que no se estudian en los institutos —mencionó el húngaro como ejemplo de su propia experiencia— hay que recurrir a alguien que hable esa lengua y estudiar la obra con esa persona. Su recomendación concreta: escuchar grabaciones de coros del propio país de origen del repertorio (coros alemanes para música alemana, húngaros para Kodály), no para copiar una versión sino para afinar la pronunciación real. La interpretación final, insistió, tiene que pasar por adentro del director para ser una versión propia.
Gus compartió una anécdota de sus primeros años como director: al hacerse cargo de un coro que solo hacía música popular argentina, intentó llevarles un villancico español o una chanson francesa (no recordaba cuál) y el grupo simplemente se negó a cantarlo. A partir de ahí preguntó cómo "vender" un repertorio como el Romanticismo alemán a un coro con esa identidad.
Tesone respondió recordando el resurgimiento coral argentino de los años 80, cuando convivían —y a veces se enfrentaban— quienes defendían una línea europeísta abarcativa y quienes sostenían que el coro debía hacer solo música nacional y latinoamericana. Su postura: ambas opciones son válidas si se hacen con seriedad, pero cantar Bach, por ejemplo, también mejora cómo un coro canta una chacarera, porque lo enriquece con otras dificultades y otra estética.
Su recomendación práctica es explicarle al público qué va a escuchar y por qué: mostrar que un tema recurrente de la historia de la música vuelve a aparecer, en otra época, de otra manera. Para Tesone suele ser más fácil convencer a los propios integrantes del coro de abordar un repertorio poco conocido que convencer al público, y ese trabajo de explicar y contextualizar es, dijo, parte de la responsabilidad del director: no cantar solo para la propia satisfacción ni para el círculo de familiares y amigos.
El artículo original de Guillermo Tesone puede descargarse en PDF https://1drv.ms/b/s!AhY9XomXNGAxg_c9ufEzc_PCR429Jw?e=YC8vRf. Esa temporada del podcast se hizo con el aval de Adichora, la asociación de directores de coros de la República Argentina; quienes quieran asociarse pueden hacerlo a través de este formulario https://www.dopplerpages.com/gusespada-D9EA4/Form6-62234 o completando la ficha de inscripción disponible en https://adicora.org/pagos2/ficha-de-inscripcion/. Quien quiera apoyar el podcast puede hacerlo en https://cafecito.app/gusespada.
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