Un libro de dirección coral —Chorus Confidential, de William Dehning, director del departamento coral de la Universidad de Southern California (https://www.amazon.com/Chorus-Confidential-William-Dehning/dp/0634058436)— plantea una distinción entre dirigir y conducir. En español la profesión se llama "director de coros", pero en inglés se habla de "Choral Conductor". Sin embargo, la asociación de directores de coros de Estados Unidos eligió llamarse con la palabra "Director" y no "Conductor". Esa diferencia entre pensar que uno dirige o que uno conduce fue el disparador para pensar en los estilos de liderazgo y en cómo se aplican al trabajo con un coro.
El liderazgo es un conjunto de habilidades a través de las cuales alguien se vincula con su entorno con el fin de influirlo. En el caso de un director de coro, ese entorno es el coro mismo. No se trata del liderazgo personal —cómo alguien toma decisiones para su propia vida— sino del liderazgo en relación con otros: se manifiesta en cada conversación, en cada pedido, en cada decisión que afecta a los coreutas, aunque no siempre haya conciencia de ello.
El material de esta reflexión surge de una clase del curso Comunicación y liderazgo, a cargo de Fran Fushimi.
No hay un estilo "bueno" y uno "malo": cada uno tiene su utilidad y su costo según el contexto.
Autoritario: se hace lo que decide quien dirige, sin consulta previa. Es imprescindible cuando hay que decidir rápido —fijar días y horarios de ensayo, elegir el repertorio, resolver un imprevisto durante un concierto mientras el coro está cantando—. Usado todo el tiempo genera enojo, frustración e indiferencia.
Democrático participativo: se busca el consenso entre todos. Genera participación y sentido de pertenencia, pero requiere tiempo disponible y puede volverse burocrático si cada decisión necesita el acuerdo de todos.
Controlador: hace seguimiento de objetivos y avances —afinación, empaste, aprendizaje del repertorio—. Es útil para gestionar, pero a nadie le gusta sentirse controlado; en dosis altas genera rechazo y no favorece la autonomía.
Amenazador: funciona con la lógica de "si no hacés esto, va a haber consecuencias". Puede activar y mostrar que algo importa, pero instala miedo a la figura de quien dirige y frena la iniciativa.
Filiativo o relacional: prioriza el vínculo personal por sobre la tarea. Se ejerce cuando se habilitan espacios informales, actividades sociales del grupo o charlas sobre inquietudes de los coreutas. Fortalece la pertenencia, pero corre el riesgo de confundir el rol de amigo con el de director.
Postergador: "lo hacemos después". Sirve para evitar decisiones apresuradas o reacciones puramente emocionales, dejando una conversación difícil para otro momento. Si se vuelve costumbre, los cantantes sienten que nada se concreta y se resienten los plazos.
Visionario: quien dirige tiene una imagen clara de un futuro deseado y logra transmitirla y sumar a otros a ese objetivo. Motiva mucho, pero el desafío es transformar esa visión en acciones concretas.
Víctima o mártir: plantea que todo lo que pasa es culpa de terceros y that quien lidera ha sacrificado mucho por el grupo. Logra que otros actúen movidos por la culpa y descarga responsabilidad, pero termina generando cansancio y pérdida de confianza.
La propuesta no es adoptar un estilo fijo sino tratarlos como prendas de vestir: cada uno sirve para una situación distinta. Dos ejercicios ayudan a trabajar esto. El primero es reconocer, dentro de esta lista de ocho, cuáles se usan habitualmente y en qué momentos. El segundo es probar, de a poco, los estilos con los que hay menos comodidad, para no generar confusión en el coro con un cambio brusco.
Algunos ejemplos de aplicación: el estilo visionario funciona bien a principio de año, al presentar el proyecto de trabajo; el autoritario o el democrático sirven para organizar ensayos, fechas de concierto o actuaciones; el relacional es útil para conversar sobre asistencias, puntualidad o el momento en que un cantante se desvincula del coro.
El audio de ejemplo de este episodio fue enviado por una alumna que empezó a aplicar lo aprendido en el curso de arreglos de oído. También se compartió que ese mes continuaba el ciclo Reflexiones sobre la interpretación de música coral, con un encuentro dedicado a la obra de un compositor argentino, y que la ADICORA —Asociación de Directores de Coro de la República Argentina (https://www.facebook.com/adicora.nacional)— había organizado unas jornadas virtuales sobre dirección y canto coral infantil y juvenil, con invitados de trayectoria abordando repertorio, pedagogía vocal y coordinación motriz en la música coral.
Poder nombrar estos ocho estilos y reconocerlos en la propia forma de dirigir sirve para elegir, en cada situación del coro —un ensayo, un conflicto, un concierto—, la herramienta más adecuada en lugar de repetir siempre la misma.
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