Ciclo de Gestión de Conflictos I- Qué es y qué no es un conflicto?


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Un coro no está formado por cantantes como si fueran objetos, sino por personas. Y donde hay más de dos personas interactuando, existe siempre la posibilidad de que surja un conflicto. Esto no significa que quienes cantan en coro sean conflictivos por naturaleza, sino que es una característica propia de cualquier grupo humano: entre integrantes del coro, entre el director y algún integrante, dentro del equipo de trabajo (asistentes, jefes de cuerda, pianista, profesor de canto) o incluso con la institución a la que pertenece el coro, por ejemplo con quien esté a cargo del área de cultura o extensión.

Un ejemplo concreto: en algún momento surgió una diferencia de repertorio con un superior que en realidad estaba dando una orden disfrazada de sugerencia. La negativa a aceptarla derivó en cuatro años de mala relación, y pasó bastante tiempo antes de identificar que ahí había un conflicto y cuál era su origen real. También son frecuentes las disputas por el uso de espacios de ensayo cuando se comparten con otras actividades.

Qué es y qué no es un conflicto

Cuando se piensa en la palabra "conflicto", suelen aparecer términos como lucha, pelea, batalla, ganar o perder: connotaciones bélicas que ya predisponen a afrontarlo de una manera negativa. Pero un desacuerdo, una opinión diferente o que alguien no simpatice con otra persona no constituyen por sí mismos un conflicto.

Un conflicto se define como una situación que se produce cuando dos o más partes tienen intereses, deseos, ideas, conductas o percepciones diferentes que entran en colisión en algún momento. Para que exista un conflicto real, alguien tiene que percibir que los intereses o conductas del otro son un obstáculo para los propios. No todas las discrepancias llegan a ese punto.

¿Es bueno o malo que existan conflictos?

La respuesta automática suele ser que un conflicto es algo malo. Sin embargo, que surjan conflictos es natural e inevitable cuando dos personas comparten el tiempo suficiente en un mismo ámbito: es cuestión de tiempo, no de mala intención. No es ni bueno ni malo en sí mismo; lo importante es aprender a gestionarlo cuando aparece, sin quedarse mirando para otro lado. Bien gestionado, un conflicto puede incluso servir para crecer y mejorar una relación.

Qué hay que hacer con un conflicto

Antes de actuar, conviene revisar cuatro ideas que suelen dificultar la gestión de conflictos:

Pensar que un conflicto es siempre negativo impide verlo como una oportunidad para clarificar o fortalecer una relación, por ejemplo entre dos jefes de cuerda con perspectivas distintas sobre el coro.

Creer que se trata de una batalla de intereses irreconciliables lleva a plantear la situación como una guerra que hay que ganar, y la otra parte suele responder de la misma manera.

Suponer que el conflicto define toda la relación con la otra persona borra el historial de buena relación previa. Si esa relación fue de otra manera antes, puede volver a serlo.

Y el más importante: entender el conflicto como una lucha de valores absolutos, entre el bien y el mal. Las personas no son completamente buenas o malas, tienen acciones más o menos oportunas. Gestionar bien un conflicto implica enjuiciar lo menos posible a la otra parte y centrarse en los hechos y las percepciones, no en calificar a las personas.

Todo esto forma parte de un enfoque más amplio sobre manejo de grupos y dinámica coral, un área que en la dirección de coros suele quedar librada a la intuición y que conviene abordar de forma más sistemática. Sobre comunicación dentro del equipo de trabajo del coro profundiza el curso Comunicación y liderazgo. Y para quienes buscan trabajar la lectura melódica con los cantantes, otra herramienta útil es el curso Todos leemos música, centrado en los giros melódicos y armónicos que todos tenemos incorporados de tanto escuchar música.