Antes de la pandemia, cantar en un coro totalmente virtual era casi una rareza técnica: proyectos aislados, con gran despliegue tecnológico, como los que impulsó el compositor estadounidense Eric Whitacre, que necesitó desarrollar un software para eliminar en tiempo real la latencia (el delay que se produce en toda videollamada) y lograr que decenas de cantantes cantaran en vivo y sincronizados.
Cuando llegaron las cuarentenas de 2020, todo eso cambió. Muchos coros pasaron a ensayar por videollamada; otros simplemente dejaron de funcionar. Los directores independientes y muchos cantantes se quedaron sin ese espacio afectivo y artístico que ofrecía el trabajo coral presencial. De esa necesidad nacieron proyectos como Ubuntu Coral, dirigido por Virginia Arellano, y el Coro Virtual Femenino, creado por Gisela Iuretich junto a Verónica Frías y Sofía Torres.
Ubuntu Coral era, hasta ese momento, un coro presencial de Córdoba. Virginia recibía consultas de mujeres de otras provincias y países que querían sumarse, y en un principio dudó: quería conservar la integridad del grupo para cuando volviera la presencialidad. Pero el pedido siguió creciendo, lo consultó con sus propias coreutas —el 90% respondió a favor— y terminó armando dos líneas: el coro presencial que volvería a reunirse en Córdoba y una versión virtual e internacional que seguiría funcionando incluso después de la pandemia.
El Coro Virtual Femenino, en cambio, nació directamente como proyecto online. Gisela venía de dirigir un coro (Coro Gama) en Buenos Aires, que como tantos otros vio caer toda su agenda. En vez de quedarse en la inactividad, se preguntó si un coro pensado exclusivamente para lo virtual era posible, aunque no fuera lo mismo que un coro presencial. Con un simple flyer en redes sociales, las respuestas superaron ampliamente lo que el equipo había imaginado.
Ambos coros ensayan por videollamada (Ubuntu usa Meet, el Coro Virtual Femenino usa Zoom) y los dos resolvieron un problema común: el WhatsApp no alcanza para sostener partituras, audios y tutoriales sin saturar los teléfonos. La solución en ambos casos fue migrar todo el material a un aula virtual tipo Google Classroom, donde queda disponible de forma retroactiva para cualquiera que se sume más adelante.
El Coro Virtual Femenino organiza un encuentro semanal de una hora (general o parcial según la etapa), que se completa con trabajo individual durante la semana. Ubuntu Coral, al tener integrantes en distintos países, sostiene varios horarios de ensayo —mañana, mediodía y tarde— para cubrir husos horarios de Europa, Argentina y otros países de Latinoamérica, además de ensayos de cuerda con guías que acompañan a cada grupo vocal.
El tamaño del equipo de trabajo cambia según la escala del proyecto: el Coro Virtual Femenino trabaja con entre 15 y 20 integrantes y un equipo de tres personas (dirección, asistencia y preparación vocal), mientras que Ubuntu Coral, con más de 110 voces, necesita diez personas trabajando en conjunto: guías de cuerda, administración, agenda y preparación vocal, entre otras tareas.
El Coro Virtual Femenino pide un video en el que la interesada canta un canon sencillo y cuenta brevemente su experiencia musical. Ubuntu Coral hace las audiciones por videollamada de WhatsApp, ubicando a cada persona en su cuerda a partir de dónde se siente más cómoda vocalmente, ya que se trata de coros amateurs con niveles de formación muy distintos.
Sobre plataformas, ensayo y trabajo remoto en general, hay más detalle en Ensayar con el coro en cuarentena- sugerencias, plataformas y software y en Claves de la preparación vocal del coro “a distancia”- con Mercedes Bustos, con la preparadora vocal Mercedes Bustos. Para pensar cómo convocar y darse a conocer, sirve el coro virtual- estrategias de lanzamiento en redes sociales. Y para quienes trabajan con otros públicos, también existe la alternativa de Alternativas para un coro de adultos mayores en cuarentena- con Laura Alberti.
Ambos proyectos coinciden en algo que va más allá de lo musical: la virtualidad no reemplaza la presencialidad, pero generó un espacio de compañerismo y cuidado personal en un momento de aislamiento. Varias integrantes retomaron el canto después de años de no cantar, y encontraron en el coro virtual un lugar propio, distinto de la casa y la familia, para conectarse con otras personas que estaban pasando por lo mismo.
Quien quiera seguir de cerca estos proyectos puede encontrarlos en Facebook: el https://www.facebook.com/Corovirtualfemenino y el https://www.facebook.com/ubuntucoral.corodevocesfemeninas.
Para quien dirige coros y se quedó sin actividad presencial, armar un coro virtual desde cero es una alternativa real: permite definir un perfil propio de repertorio y de grupo, y es también una salida laboral concreta. El curso “Génesis Interpretativa”, a cargo de Camilo Santostéfano, complementa este enfoque con herramientas de interpretación aplicadas a obras de distintos compositores.