Estamos preparados para tener otro año complicado?


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A mediados de marzo de 2020 empezó en Argentina una cuarentena que en teoría iba a durar 15 días. Se extendió durante todo el año: no hubo clases presenciales en ningún nivel educativo, y la actividad coral, salvo excepciones puntuales, se trasladó por completo a la modalidad virtual. Llegado febrero de 2021, con los ensayos a punto de retomarse, la pregunta era inevitable: ¿había que prepararse para repetir un año igual de complicado?

Lo que cada director puede saber de su propio coro

Hay una certeza al alcance de cualquier director: se puede averiguar qué piensa el propio coro sobre seguir ensayando por videollamada. En una consulta a fin de 2020, la mayoría de los integrantes decía desear volver a los ensayos normales, con una sensación de cansancio evidente. Pero no todos los grupos reaccionan igual: los coros que nacieron directamente como virtuales durante la pandemia (un tema tratado en un episodio anterior, Cómo crear un coro virtual) seguían funcionando bien así, porque esa era su condición de origen. También se mencionó el caso de un coro de niños de Entre Ríos, que se adaptó a las pantallas con mucha más naturalidad que los adultos, probablemente por la relación distinta que las nuevas generaciones tienen con la tecnología.

Si el año vuelve a ser completamente virtual

Ante el escenario más difícil —ensayar todo el año sin ninguna instancia presencial— la recomendación central es evitar la repetición de lo ya hecho. Si en 2020 se trabajó mucho repertorio, en 2021 conviene enfocarse en técnica vocal, o viceversa. Si el trabajo de repertorio no tuvo un eje claro, se puede proponer una obra completa, canciones de una misma temática, o una colaboración con otro coro o grupo instrumental. Si hubo muchos invitados, probar sin ellos; si no hubo ninguno, sumar directores o profesores de canto invitados. La idea de fondo es que el coro sienta que su participación tiene un objetivo definido, y que ese mismo nivel de creatividad se traslade también a los productos artísticos: si 2020 fue el año de los videos armados con la técnica de "cuadraditos", conviene buscar otras formas, como colaborar con artistas plásticos, actores o bailarines que le den otra dimensión a la música.

El escenario más probable: un año mixto

La opinión, sin garantías de acertar, era que 2021 iba a terminar siendo un año mixto: ensayos presenciales con grupos reducidos combinados con videollamadas para quienes no pudieran asistir, y presentaciones que alternaran grabaciones editadas con transmisiones en vivo sin público. Para volver a lo presencial hacía falta, además del protocolo del lugar de ensayo, un protocolo propio del coro. El estudio más completo disponible en ese momento sobre contagio de coronavirus entre cantantes (estimación del riesgo de infección por coronavirus en el ámbito de la música) sugería mantener al menos 2 metros de distancia en espacios con muy buena ventilación, aunque sin precisar cuántos cantantes por metro cuadrado eran seguros. Como referencia, el protocolo cordobés para clases de canto y danza exigía 4 metros cuadrados por persona, pensado para gente con tapabocas puesto, algo que un coro cantando no puede cumplir.

El rol de las instituciones

Definir un protocolo seguro para cantar no es algo que un director pueda resolver solo, a ojo, para un único coro. Ese trabajo le corresponde a las instituciones: a los coros que dependen de una organización mayor, y sobre todo a las asociaciones corales y agrupaciones de directores, que tienen el peso institucional necesario para negociar protocolos de alcance provincial o nacional con las autoridades sanitarias, tomando como base los protocolos ya aprobados para bandas y grupos musicales en vivo.

Quedaba pendiente además la situación de los grupos de riesgo, principalmente mayores de 60 años o personas con alguna condición previa, que seguramente iban a quedar afuera de cualquier protocolo, aunque con la expectativa de ser los primeros en acceder a la vacunación.

El mensaje de fondo para cualquier director de coro vocacional era que, a diferencia de 2020, cuando hubo que improvisar sobre la marcha sin entender bien la dinámica de la pandemia, en 2021 ya existía experiencia acumulada en aulas virtuales, en organizar grupos por WhatsApp y en manejar los tiempos de contagios y rebrotes. Esa experiencia era la base para planificar el año con más criterio, aunque el terreno siguiera siendo incierto.