Macarena Gómez Delgado es licenciada en Artes Musicales con especialidad en Canto, profesora superior de Canto y directora del Coro Municipal de Niñas y Niños de San José, en Entre Ríos, que fundó en 2011 y que ese año cumplía diez de actividad. Es un coro de una comuna de 20.000 habitantes al que puede sumarse cualquier chico que quiera cantar, sin selección de voces. Empezó a cantar ella misma a los nueve años en un coro de niños con el maestro Ricardo Barrera, quien más tarde fue también su maestro de dirección coral, y dirige coros desde 2003. Además integra el grupo vocal Las Voces Blancas, dirige un coro de adultos en Concordia y coordina el área académica de las carreras de música de la Escuela de Música Celia Torra, en Concepción del Uruguay.
La cuarentena de 2020 sorprendió a Macarena y a su coro en plena convocatoria de voces nuevas, antes de haber arrancado los ensayos del año. Tuvo que investigar de cero qué herramientas usar y, sobre todo, con qué conectividad contaba cada chico, porque no todas las familias tenían los mismos recursos. El trabajo terminó organizado en tres grupos: uno ensayaba por Zoom, otro por videollamadas grupales de WhatsApp y un tercero, formado por los chicos sin conexión a internet, por llamado telefónico individual. Lo que normalmente era un ensayo semanal de una hora y media se multiplicó: una hora y media con cada grupo, a veces menos con las llamadas telefónicas porque implicaban hablar y cantar a solas con cada chico. Sobre cómo encarar estas decisiones técnicas y humanas al armar un coro a distancia puede leerse Cómo crear un coro virtual.
Como refuerzo, Macarena empezó a subir a YouTube videos de técnica vocal que los chicos miraban durante la semana, antes del ensayo. Eso requería dos apoyos: que los padres avisaran a los chicos que había un video nuevo, y que la propuesta estuviera armada como juego, para que aprendieran sin notar que estaban haciendo ejercicios. Trabajó con trabalenguas, vocalizos, canciones cortas y juegos rítmicos con movimiento, para que la dinámica no fuera estática.
A Macarena, siguiendo a su maestro Ricardo Barrera, le gusta armar repertorios integrales, con canciones unidas por un tema. El repertorio pensado para 2020 giraba en torno a canciones que hablaban de comida. Trabajando cada chico solo en su casa, el aprendizaje resultó más rápido de lo esperado: un quodlibet como "El naranjero" lo aprendieron todos enseguida. Agotado ese repertorio, pasó a juegos rítmicos con vasos y percusión corporal, inspirados en un tutorial de un percusionista de Buenos Aires. Al ver a los chicos jugar, varias familias se sumaron espontáneamente: padres y hermanos se grababan haciendo la percusión mientras el chico cantaba. Para Macarena, eso permitió que las familias vieran de cerca el trabajo detrás de un coro.
El ensayo por videollamada no tiene la dinámica de un ensayo presencial, y eso exigió mucha adaptación. Macarena destaca que los chicos pusieron paciencia, empatía y aliento mutuo: no es fácil cantar solo, sobre todo para quien está acostumbrado a que su voz se esconda dentro del conjunto. Dejó el chat abierto para que se escribieran entre ellos, y los propios chicos se convirtieron en los primeros en alentar a quien le tocaba cantar. También usaron los emojis de la plataforma —corazones, aplausos— para acompañarse. La participación se mantuvo alta durante todo el año.
Uno de los proyectos más celebrados fue un quodlibet latinoamericano armado junto a otras tres directoras de coros de niños: una del coro de Mendoza, otra del coro Coralius de La Rioja y otra de un coro de la Escuela de Música Celia Torra en Concepción del Uruguay. Cada coro preparó y filmó una parte, el pianista de uno de los coros armó la pista, y el video final se estrenó un 20 de julio, día del amigo en Argentina. Ese día organizaron un encuentro virtual con juegos, una clase de técnica vocal y el estreno conjunto por YouTube. El proyecto tuvo repercusión en diarios y televisión, y los chicos terminaron disfrazándose, jugando a la búsqueda del tesoro y merendando juntos frente a la pantalla, como un pícnic a distancia.
El coro había ganado en 2019 un concurso en Entre Ríos con una obra de un compositor con quien luego organizaron un encuentro virtual. Los chicos prepararon preguntas sobre cómo había escrito la canción, por qué había elegido esa poesía y si dirigía coros de niños, y además hicieron dibujos inspirados en la obra. El compositor contó que le apasiona la observación de estrellas y planetas, algo que aparece en varias de sus canciones sobre el cielo y la luna.
El año terminó con el habitual taller de música navideña, acompañado de cuentos sobre las tradiciones de la época. Como cierre inesperado, todo el coro —chicos y padres— se presentó frente a la casa de Macarena para cantarle una serenata con los villancicos y las canciones aprendidas durante el año, y le llevaron dibujos, cartas y regalos. Para ella fue una muestra de afecto que no esperaba y que reflejó el compromiso de las familias durante todo ese año atípico.
Para Macarena, la síntesis de la experiencia es que la educación musical —juegos rítmicos, juegos musicales, apreciación musical— es la gran herramienta para sostener un coro de niños de manera virtual. La conversación completa con ella, con más detalles sobre el trabajo diario, está en “Hola, me gustaría cantar en tu coro”.
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