protocolos para ensayos presenciales


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En 2021, con la pandemia todavía condicionando la actividad coral, muchos directores se preguntaban si era posible retomar los ensayos presenciales y, si era así, con qué protocolo hacerlo. Para responder esa pregunta con información real y no solo con intuiciones, se consultó a cuatro colegas de distintos países que ya estaban ensayando de manera presencial o mixta. En Estamos preparados para tener otro año complicado? se puede escuchar el episodio anterior donde se planteó por primera vez esta posibilidad para los coros argentinos.

No todos los países estaban en la misma situación: en Ecuador, Perú y en algunas regiones de España los ensayos presenciales seguían sin estar permitidos al momento de esta consulta. Los cuatro testimonios que siguen corresponden a lugares donde sí se había logrado avanzar, cada uno con sus propias condiciones y limitaciones.

España: restricciones y horarios que complican todo

Lucía Beresova, de origen eslovaco, con un doctorado en dirección coral y orquestal realizado en Polonia y radicada en Barcelona, contó que en Cataluña regía un límite de seis personas por ensayo y un toque de queda a las 22 horas que obligaba a muchos coros a cambiar sus horarios habituales de ensayo, que solían extenderse hasta la medianoche.

El protocolo catalán incluía uso obligatorio de mascarillas FFP2, pantalla facial recomendada para el director, prohibición de compartir sillas o partituras, desinfección de la sala antes y después de cada encuentro, y ventilación cada 30 minutos durante 15 minutos. La distancia entre cantantes debía ser de un metro y medio de lado y dos metros hacia adelante, y había tablas de metros cuadrados según la cantidad de cantantes: por ejemplo, 100 metros cuadrados para 35 personas.

Venezuela: transporte exclusivo y seguimiento médico

Lourdes Sánchez, directora de coros en el Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela, describió un protocolo pensado para agrupaciones grandes. Como el límite era de 25 integrantes por ensayo y el coro tenía más de 80 cantantes, se dividió el trabajo por cuerdas.

El protocolo arrancaba antes de llegar al lugar de ensayo, con rutas de transporte exclusivas para evitar que los jóvenes usaran el transporte público. Al ingresar al edificio se tomaba la temperatura y se completaba un formulario de salud, además de otro que el servicio médico revisaba semanalmente para detectar cualquier malestar. La distancia entre cantantes era de dos metros en todas las direcciones, ubicados en forma de anfiteatro para evitar el contacto con gotículas de saliva. Los ensayos de tres horas incluían dos pausas para descansar del barbijo y evitar la hiperventilación.

Santa Fe: cantar con y sin barbijo al aire libre

Virginia Bono ensayó con su coro tanto con mascarilla como sin ella, en un patio al aire libre, para preparar un curso organizado por instituciones alemanas. Su conclusión fue que sí se puede cantar con barbijo, aunque no todos los modelos funcionan igual: los de plástico transparente permiten ver la boca pero generan una vibración extraña, mientras que los de tela bien ajustados a la nariz y el mentón resultan más prácticos.

Cada cantante tenía su silla asignada, sin cambios durante el ensayo, con sus propios elementos de higiene y partituras. La distancia entre sillas fue de dos metros al aire libre y de más de tres metros en el ensayo que se hizo en un espacio cerrado, con las sillas dispuestas en zigzag en lugar de en filas rectas para reforzar el distanciamiento. La sala contaba con ventilación cruzada permanente.

Córdoba: la distancia que permite sacarse el barbijo

Santiago Ruiz ensayaba con su coro en los patios de una basílica, aprovechando los espacios al aire libre. Cuando debían ensayar puertas adentro, aplicaban el protocolo vigente para actividades de culto: ingreso escalonado por cuerda, sillas asignadas con el nombre de cada persona y toma de temperatura al llegar.

Basándose en estudios alemanes e ingleses, el coro trabajaba con una distancia de tres metros entre cantantes, lo que permitía que quien quisiera pudiera bajarse el barbijo durante el ensayo, algo que a tres metros resultaba viable y que describió como muy gratificante después de haber intentado cantar con mascarilla el año anterior. Los ensayos eran breves, de una hora y cuarto, y no se compartían partituras ni lápices: cada cantante llevaba su propio material impreso o lo leía en su dispositivo.

Un punto de partida, no una receta única

Los cuatro protocolos comparten varios ejes: desinfección del espacio, distanciamiento entre cantantes, control de síntomas al ingresar, ventilación constante y evitar que se compartan objetos. Pero también muestran que cada coro adaptó estas ideas a sus propios recursos: el tamaño del lugar, la cantidad de integrantes, el clima y las normas locales vigentes en cada momento. Para quien tenía que armar su propio protocolo en esa etapa, contar con la experiencia concreta de otros directores fue una manera de no partir de cero y de ajustar cada decisión a la realidad de su coro.