Cuando se piensa en la selección de repertorio, lo primero que suele aparecer son las cuestiones técnicas: tesituras, disonancias, nivel de dificultad. Pero hay otro factor, menos evidente, que condiciona tanto o más esa elección: la complejidad y la riqueza de trabajar con un grupo humano.
Es común que, al armar un coro por primera vez —ya sea con amigos que cantan bien y leen música, ya sea proponiendo un coro en un centro de jubilados del barrio—, se elijan unas partituras "adecuadas" y se empiece a ensayar sin detenerse a pensar en la enorme variedad de características que ese grupo trae consigo.
Un coro puede ser independiente o pertenecer a una institución. Puede reunir a personas de una franja de edad acotada o ser de edades diversas: no es lo mismo dirigir un coro municipal donde cantan juntos padres, hijos y abuelos que un coro infantil donde convive un niño de seis años con una prepúber de once. Puede ser mixto, femenino o masculino, profesional o vocacional, ligado a un único perfil de repertorio —como suele pasar en los coros de instituciones religiosas— o completamente abierto.
Toda esa variedad presenta desafíos concretos para quien dirige. Algunos de los más importantes:
Diversidad de edades dentro de una misma franja. Hay grandes diferencias entre un niño de ocho años y uno de once o doce, o entre una persona recién jubilada de sesenta y cinco y un compañero de coro que lleva veinte años de jubilado.
Diversidad de intereses y objetivos. Alcanza con preguntarle a cada cantante por qué va al coro para descubrir respuestas muy distintas entre sí. A esto se suman los intereses de la institución (cuando el coro depende de una) y los propios intereses del director, que no siempre coinciden. A veces lo que une al grupo no es el gusto por determinado repertorio sino el simple sentido de pertenencia a la institución.
Diversidad de gustos musicales y estéticos. Vinculada al entorno familiar y al nivel educativo de cada integrante, influye no solo en la afinación y la educación vocal sino, sobre todo, en qué repertorios cada cantante está dispuesto a aceptar como propios. Aprender algo nuevo implica siempre un esfuerzo, y no todos los cantantes están igual de dispuestos a asumirlo.
Diversidad en los tiempos de atención. En coros creados con una finalidad principalmente social —donde el objetivo real es socializar— suele ser más difícil sostener largos períodos de trabajo musical concentrado. Esto condiciona cuánto repertorio se puede aprender en un año y cuánto conviene trabajar en un mismo ensayo, para no forzar la capacidad de atención del grupo hasta el punto de la frustración.
Diversidad en los tiempos de asimilación. Para que un coro resuelva un repertorio de mayor nivel que el habitual hay que enseñarle antes nuevas herramientas auditivas, vocales y de técnica de ensayo. Sin detectar esta capacidad de aprendizaje, se corre el riesgo de quedar siempre en el mismo grado de dificultad o de chocar de frente contra obras demasiado exigentes.
Diversidad de conocimientos y vivencias previas. Determina qué tan profundamente pueden los cantantes comprender la relación entre texto y música, o conceptos vocales como el balance y el empaste, y qué tanto pueden transferir lo aprendido de una obra a otra.
Diversidad de experiencia musical. Permite aprovechar mejor al grupo: para designar jefes de cuerda, asignar una parte solista o un dúo, armar un cuarteto que cambie la densidad sonora de una obra, o abordar con ese subgrupo piezas más difíciles.
Frente a esta variedad de factores, resulta útil buscar herramientas de psicología y dinámica de grupos —leyendo bibliografía o conversando con un profesional— para entender mejor las características del grupo que se dirige. También ayuda mantener un espacio de diálogo constante, atento a las necesidades e inquietudes de los integrantes, y generar momentos de encuentro que no sean estrictamente musicales: una reunión, una salida grupal. Todo esto fortalece las relaciones humanas dentro del coro y, con ellas, la disposición a enfrentar juntos nuevos desafíos musicales.
Cuanto más se conoce a los cantantes, más se pueden capitalizar sus cualidades a la hora de planificar el trabajo a corto, mediano y largo plazo. La experiencia indica que hace falta buscar un equilibrio entre los objetivos artísticos del director y las expectativas e intereses del grupo: a partir de ese punto de equilibrio es más fácil crecer juntos.
El curso Canto de la tierraCanto de la tierra, sobre identidad coral en las culturas nacionales, y la entrevista con sus tres docentes en el canto de la tierra profundizan en repertorio accesible para coros vocacionales, en sintonía con estas ideas.
No hay recetas para dirigir un coro porque cada grupo es único. Pero observar estas características humanas, afectivas y cognitivas —además de las estrictamente musicales— ayuda a elegir un repertorio que no solo esté al alcance del coro, sino que además le guste y lo desafíe a aprenderlo con entusiasmo.