El director de un coro es responsable de la preparación vocal de su grupo, tenga o no formación en técnica vocal. Si no la tiene, es responsable de elegir quién se encarga de ese trabajo; y si decide no trabajar la técnica vocal, también es responsable de esa decisión. Por acción o por omisión, es quien determina el sonido que va a tener el coro y cuánto pueden crecer sus cantantes.
La técnica vocal tiene bases comunes para cualquier cantante de cualquier edad: postura, activación corporal, respiración, relajación, uso del aparato fonador. Sobre el apoyo específicamente se puede repasar qué es el apoyo?. Lo que cambia según el tipo de coro y la edad de los cantantes son las herramientas y estrategias didácticas: el mismo concepto de activación corporal se trabaja distinto con adultos mayores que con niños.
Primero, definir el sonido que se busca: plano o natural, claro u oscuro, con o sin vibrato, resonancia de pecho o de cabeza en las cuerdas graves. Esa idea de sonido siempre termina siendo una resultante entre lo que imagina el director y lo que puede dar el grupo real de cantantes.
Segundo, la técnica vocal aplicada: con cantantes principiantes hay que hacer un trabajo pedagógico de base (postura, respiración, proyección); con cantantes ya formados, en cambio, la vocalización apunta a un enfoque más práctico, orientado a las adaptaciones necesarias para el sonido que pide el director.
Tercero, el empaste: el trabajo que transforma a un grupo de personas cantando en un instrumento. Cuando hay un preparador vocal a cargo de la técnica, el director sigue siendo quien define el sonido final, y por eso es clave que preparador y director coordinen los ejercicios de cada ensayo con las dificultades concretas que va planteando el repertorio.
El primero es la concientización sobre el cuidado del instrumento vocal. Al estar dentro del propio cuerpo, la voz cuesta percibirla como un instrumento delicado —a los adultos también les pasa— y en los chicos hay que trabajar esa idea desde el principio. Esto implica elegir repertorio acorde a la extensión vocal de cada edad, sin forzar registros graves ni agudos, y prestar atención a la muda de la voz en la transición de la niñez a la adolescencia. Conviene apoyarse en cierto asesoramiento específico si no se tiene experiencia con estas edades.
El segundo eje es un trabajo integral y creativo sobre respiración, fraseo, dicción, articulación, dinámica y expresión corporal, evitando la mecanización de los ejercicios. Alternar el trabajo masivo (donde los chicos descubren la fuerza de cantar todos juntos) con momentos de canto individual, aunque sea de pocas notas, ayuda a que cada uno pierda la timidez y sienta su aporte al conjunto.
El tercer eje es respetar la naturaleza de cada voz: no conviene buscar que los niños suenen como un coro de adultos, porque eso produce un sonido forzado y artificial. El trabajo vocal debería centrarse en realzar la frescura propia de las voces infantiles y juveniles.
El trabajo sobre las dificultades técnicas puntuales del repertorio —fraseos largos, administración del aire, afinación ligada a la percepción auditiva— es la "cocina" de un coro de niños o jóvenes: sin resolverlas, hasta la obra más bella resulta incómoda de cantar. También conviene reservar espacios de trabajo por cuerdas para que cada una reconozca su identidad sonora, y escuchar a cada chico a solas de vez en cuando: la voz de niños y adolescentes va cambiando con el tiempo, y clasificarla una sola vez y no volver a revisarla puede generarles esfuerzo innecesario en las cuerdas vocales.
Para profundizar en la activación corporal y en la elección de repertorio según tesituras hay más ejercicios y ejemplos en el curso de Preparación Vocal para coros “a distancia”. Quienes trabajen con niños y jóvenes en modalidad no presencial pueden complementarlo con el curso de creación de coros virtuales. Y para compartir experiencias sobre la preparación vocal de coros de niños y jóvenes, gusespada.com/contacto sigue abierto.