Claves de la preparación vocal del coro “a distancia”- con Mercedes Bustos


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Néstor Andrenacci no empezó en la música. Estudió los primeros años de la carrera de matemática mientras cantaba en un coro, y desde ahí, casi sin buscarlo, terminó dirigiendo un grupo vocal al que lo habían invitado a cantar. "Ahí me puse a estudiar muy seriamente", contó en esta charla del podcast Dirección Coral Online.

Una infancia sin música formal, pero con mucho canto

Andrenacci se crió en una familia donde se cantaba a varias voces de oído, sobre todo en las navidades, y donde el piano tenía un lugar central: "era muy raro una casa donde no hubiera un piano", recordó. De chico probó el violín con un profesor del barrio, pero el instrumento terminó convertido en arco de fútbol en el camino a clase: "no era que no me gustaba, pero me tiraba más jugar a la pelota".

La curiosidad como motor del trabajo coral

Consultado sobre por qué siempre aparece con recursos nuevos para el trabajo con el coro —en la técnica gestual, en la vocalización, en la técnica de ensayo—, Andrenacci lo atribuyó a una curiosidad amplia, no exclusivamente musical: el teatro, la dirección de actores, el cine y hasta la dirección de equipos de fútbol le aportaron ideas sobre cómo conducir un proceso junto a otras personas. Compartió también que trabajar con su hija, actriz y directora teatral, le abrió una relación distinta con el espacio y el cuerpo en el trabajo coral. Para él, la base de esa exploración permanente es simple: la conciencia de una carencia y las ganas de no aburrirse en algo "demasiado pautado".

Qué le falta al movimiento coral en Argentina

Para Andrenacci, buena parte de lo que necesita el movimiento coral argentino se juega antes del coro mismo: en la escuela. Señaló que la música fue perdiendo lugar en la currícula escolar desde los años 90, junto con otras disciplinas artísticas, y que incluso cuando existió esa materia no siempre estuvo encarada de manera artísticamente interesante. Su propuesta es sencilla: darle lugar en la institución al canto por el placer de cantar —una zamba, un tango, un gato, un chamamé— sin necesidad de un programa rígido detrás.

Contó además una anécdota de una convención de directores en Estados Unidos, donde un estudio mostraba que cada dólar recortado en programas artísticos durante la gestión de Ronald Reagan como gobernador terminaba multiplicado en gasto en cárceles, prevención de violencia y fuerzas policiales. La conclusión que rescató de aquello: invertir en arte y en educación nunca es un gasto, aunque se lo mida solo en términos económicos.

La charla deja una idea de fondo para cualquier director: los recursos técnicos importan, pero sostenerlos en el tiempo depende de una curiosidad que se alimenta fuera de la música tanto como dentro de ella. Quienes buscan además herramientas concretas para preparar la voz del coro en encuentros que no son presenciales pueden encontrar en el sitio el curso Preparación vocal para coros “a distancia”.