Cuando un coro adapta un arreglo —cambia alguna nota, agrega una introducción o un final que no estaba en el original—, ¿cómo se lo cita después? Una directora que preparó un video con su coro usando un arreglo ajeno le consultó esto a Gus Espada, porque otro colega que vio el video le había pedido la partitura y no sabía si entregar la original con las modificaciones o escribir una nueva.
Adaptar arreglos ajenos es parte normal del trabajo de dirección: casi siempre hace falta simplificar un pasaje difícil, sumar una introducción que falta o retocar algo para que suene mejor con el propio coro. El problema no es adaptar, sino la atribución. Si se hicieron cambios sustanciales —una sección entera que no estaba en el original—, conviene armar una partitura nueva que diga "arreglo original de tal persona, adaptación de tal otra". En el video en cuestión, el título aparecía acompañado de la leyenda "basado en un arreglo de Gustavo Espada", una manera correcta de resolverlo.
Con la vida trasladada a la casa y buena parte de la actividad familiar y laboral funcionando en modo virtual, el tiempo empezó a rendir menos, no más. Una colega de Córdoba contó una estrategia simple que le venía funcionando: avisarle a todos sus contactos habituales —coreutas, familia, trabajo— que responde WhatsApp solo hasta las diez de la mañana y después de las diez de la noche; para las urgencias, que llamen por teléfono. A las diez de la noche se sienta y responde todo de una sola vez, sin nada pendiente. Es una variante de una técnica llamada time blocking, que consiste en organizar el tiempo personal en bloques dedicados a tareas específicas, dejando el celular apagado durante esos bloques.
Una vez recibidos todos los audios y videos individuales, empieza la etapa más delicada. El material que llega ya es el que hay: no tiene sentido pedirle a nadie que vuelva a grabar. Desde ahí, todo pasa por los recursos técnicos: hace falta un almacenamiento en la nube (Google Drive, OneDrive, Dropbox) con una carpeta compartida, porque el volumen de archivos no entra en un correo electrónico.
La recomendación es no encargarse personalmente de editar audio y video: la curva de aprendizaje de estos programas es alta y consume un tiempo que la mayoría de los directores no tiene. Conviene conseguir un músico —aunque sea pagándole, si no hay alguien que lo haga de onda— para la edición del audio, alguien que entienda el coro como instrumento: que sepa que en cada cuerda hay integrantes más seguros en afinación y otros más seguros en el ritmo, y que esas voces sirven de referencia para sincronizar el resto.
El director puede colaborar igual, escuchando cuerda por cuerda, tomando nota de notas falsas, desafinaciones o problemas de fraseo, y sugiriendo qué timbres conviene usar para lograr el empaste de cada cuerda. Pedirle al editor muestras del avance permite ir corrigiendo sobre la marcha. En el video de este coro se decidió no mostrar a todo el grupo junto —porque los cuadros quedan demasiado chicos— sino ir presentando a los integrantes de a grupos, para que cada uno se vea más grande.
Conviene pedir al menos dos versiones del archivo: una comprimida y liviana, pensada para WhatsApp o Instagram, y otra en alta definición, la que se sube a YouTube para que se vea bien incluso en una pantalla grande. También es útil armar un teaser breve con bloopers y descartes —las caras y comentarios de antes y después de grabar— para adelantar el estreno en redes.
Quienes necesitaban resolver además cómo ensayar con el coro durante la cuarentena —qué plataformas y qué software usar— tenían ese tema desarrollado en [PROGRAMA EXTRA] Ensayar con el coro en cuarentena- sugerencias, plataformas y software.
Sobre cómo guiar al coro para descubrir las fundamentales de los acordes y construir sobre ellas una segunda voz, de manera creativa y sin partituras, está el Curso de arreglos de oído.
Para cualquier director que esté armando su primer video a distancia, la lección central es esta: la producción audiovisual se volvió, en ese momento, la principal salida artística del coro, y vale la pena pensarla con la misma creatividad que un programa de concierto presencial.