Hay directores que tratan la vocalización como un trámite: algo que hay que despachar rápido para "empezar el ensayo de verdad". Esa forma de hablar ya delata el problema: la vocalización no se está considerando parte del ensayo, sino un momento previo y descartable. Incluso existen directores que no hacen vocalizar a su coro ni antes de ensayar ni antes de una actuación.
No hay forma de justificar que un cantante no necesite preparación técnica para usar su instrumento, que es la voz. Y si se elige trabajar con un coro, hay que conseguir las herramientas para preparar a esos cantantes, sin que eso signifique iniciar una carrera de canto: alcanza con tomar clases individuales, participar de un taller grupal o compartir formación con otros directores.
Por un lado, las herramientas básicas de técnica vocal: postura, relajación y respiración (apoyo, respiración costodiafragmática, movimiento del diafragma, funcionamiento de las cuerdas vocales). Por otro, la cuestión vocal propiamente dicha: desarrollo de la tesitura, caudal de voz, línea de canto, uso de resonadores. Sobre estos contenidos teóricos trabaja el curso Técnica Vocal para el Trabajo en el cor.
Pero saber técnica vocal no alcanza: hay que poder aplicarla en una dinámica grupal, que es bien distinta de una clase individual. En una clase de canto de 40 minutos con pocos alumnos es fácil chequear a cada uno; en una vocalización grupal de 15 o 20 minutos con 30 o 40 personas, el seguimiento individual es prácticamente imposible. Eso obliga a cambiar tanto la didáctica de los ejercicios como los objetivos: ya no son de crecimiento individual sino de crecimiento grupal. Ese es justamente el eje del curso Preparación Vocal para coros I.
Cantantes con experiencias musicales y niveles de técnica vocal muy distintos, algunos arrancando de cero. Coros con integrantes de 20 a 65 años, o incluso con preadolescentes y adultos mayores en el mismo grupo. Cuerdas agudas cuyo sonido no convence, cuerdas graves sin agudos y con cantantes que se niegan a intentar ciertas notas. Contraltos y bajos que en realidad son sopranos y tenores pero que necesitan un tiempo de ejercitación antes de pasar a su cuerda real (una práctica que puede sostenerse meses o incluso un año, según el caso). Desafinaciones en finales de frase, en melodías ascendentes y descendentes, y cambios de colocación demasiado abruptos cuando una melodía salta rápido de un registro a otro.
Todos estos factores son los que hay que tener en cuenta al diseñar una planificación de vocalizaciones a largo plazo. También explican por qué el estilo de trabajo varía tanto entre directores: algunos dedican 40 minutos a vocalizar sin importar la ocasión, otros no pasan de los 10 minutos recorriendo de los graves a los agudos, otros se quedan en el registro central cuando el tiempo escasea. No hay una fórmula única: lo importante es conocer las opciones disponibles para poder elegir con criterio.
1. Plantear objetivos concretos y audibles. Del tipo "que las sopranos lleguen a tal nota a partir de tal mes" o "que el coro suene empastado en tal tesitura a partir de tal fecha".
2. Hacer un diagnóstico. No alcanza con el síntoma ("las sopranos no llegan a esa nota"); hay que identificar la causa: relajación, colocación, falta de costumbre, postura.
3. Buscar ejercicios que conecten el diagnóstico con el objetivo. Si el objetivo es armónico, ejercicios armónicos; si es de tesitura, ejercicios de tesitura.
4. Pensar instancias intermedias. Si el objetivo es mejorar las melodías quebradas, no conviene arrancar el año con arpegios de grandes intervalos: mejor empezar desde la zona cómoda del coro e ir acercándose de a poco a la incómoda.
5. Incluir chequeo individual dentro de la rutina grupal. Dos o tres minutos alcanzan para escuchar cómo resuelve cada persona los ejercicios, y saber que pueden ser escuchados en cualquier momento aumenta el compromiso de todos.
6. Compartir los objetivos con el coro. El razonamiento colectivo contribuye a los logros colectivos: si el grupo sabe hacia dónde va, se entusiasma más y aprende a escucharse a sí mismo.
7. Llevar un registro de la evolución. Idealmente por escrito, para comparar datos, aprender de aciertos y errores, y planificar el año siguiente con mejor información.
El trabajo vocal sostenido en el tiempo, con objetivos realistas y una implementación coherente con esos objetivos, da resultados que un único ensayo bien vocalizado nunca va a dar. Pensar la vocalización como un proceso de meses —y no como un rito de apertura del ensayo— es lo que permite que ese trabajo realmente se acumule.
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