Episodio #146: Hic sunt dracones- Dirección Coral Online podcast


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El séptimo y último pecado capital que describe William Folger en "The 7 deadly sins of Choral Conducting" se llama "Cese del aprendizaje". Ocurre cuando un director, ya en carrera, decide que no necesita más formación y deja de leer, de hacer cursos y de todo lo que sostiene el crecimiento profesional. Este episodio cierra la serie dedicada a los siete pecados, que incluyó también los episodios 140, 141, 142, 143 y 144.

Qué significa seguir aprendiendo

Para Folger, el aprendizaje activo y pasivo tiene que continuar a lo largo de toda la carrera de un director. Cuando cesan los procesos de descubrimiento, intriga, prueba y error, experimentación, evaluación y revisión, también decaen la eficacia y la pasión del director. Esto no se reduce a hacer cursos o leer libros: implica analizar el propio trabajo, ser metódico en la recolección de datos —grabar, tomar notas— y reflexionar sobre lo que pasa en cada ensayo, concierto o actuación.

El coro como laboratorio

El propio coro es un lugar excelente para la experimentación, sobre todo si el director comparte con el grupo lo que está probando. Robert Shaw, al finalizar cada ensayo, escribía una carta imaginaria dirigida a su coro, encabezada "Dear People" ("Querida gente"), donde volcaba sus reflexiones sobre lo ocurrido; esa carta la repasaba antes del ensayo siguiente. De ese hábito nació el libro que lleva ese mismo título. Shaw también decía que cada vez que retomaba una obra hacía una nueva preparación de la partitura, y existen videos en YouTube donde se lo ve ensayando y explicando cómo abordar el estudio de cada partitura. Quien quiera ese enlace y no lo encuentre en las notas del programa puede escribir a gusespada.com/contacto.

Aprender de cada integrante del coro

Los miembros del grupo, desde el estudiante de coro de primaria hasta el primer trombón de una sinfónica, son también maestros del director. La creación musical es una forma de arte recíproca: cada intérprete se beneficia de la musicalidad y el talento del otro. Cada cantante devuelve lo que el director intenta transmitirle, pero filtrado por su propia sensibilidad, sus afectos, su educación y sus posibilidades técnicas. Ahí aparece una decisión que cada director debe tomar: rechazar esa devolución e imponer la idea propia, o incorporar lo que el coro aporta para enriquecer la interpretación de la obra.

Ampliar la mirada más allá de la música

El director puede extender sus estudios hacia la poesía, la prosa y las demás artes visuales y escénicas. Los directores son observadores visuales y auditivos de por vida, y tienen la responsabilidad de transmitir esas habilidades al conjunto. Para avivar el alma de la música hay que esforzarse por cambiar los vicios señalados en los pecados anteriores por las virtudes de la preparación, los gestos justos y musicales, y el contacto visual constante. Los directores son, ante todo, buenos oyentes y aprendices de por vida: la perseverancia y la dedicación a un descubrimiento continuo son necesarias para tener éxito en este oficio.

Quien dirige un coro puede tomar de aquí una idea concreta: convertir el propio ensayo en un espacio de observación y registro, y estar dispuesto a que el coro modifique, y no solo confirme, la idea original de la obra. La traducción completa del artículo de Folger está disponible como PDF en Cafecito: https://cafecito.app/gusespada/post/w-folger-seven-deadly-sins-of-choral-conducting-traduccin-IRzyf9eilb