Ciclo de Gestión de Conflictos II- Entendiendo el conflicto


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Un director que no quiere vocalizar antes de un ensayo y unos cantantes que sí lo necesitan no están en conflicto por la vocalización en sí. El conflicto aparece por lo que esa vocalización significa para cada parte. No discutimos con los hechos: discutimos con la interpretación que hacemos de ellos, porque vemos la realidad a través de determinados filtros. En programa #37 se plantearon las preguntas que abren este ciclo sobre gestión de conflictos: qué es y qué no es un conflicto, si es bueno o malo que existan, y qué hacer con ellos. Esta segunda parte se detiene en dos preguntas concretas: por qué se producen los conflictos y qué elementos hacen que efectivamente exista uno.

Tres filtros que hacen que veamos la realidad distinto

El primer filtro son los valores: todo aquello que consideramos importante, desde un instrumento hasta la propia voz. Cuando alguien siente que sus valores se transgreden, aumenta mucho la probabilidad de conflicto. Durante años, en el ámbito coral argentino la música académica se valoraba por encima de la música popular, y un coro que hacía repertorio popular era visto como de segunda categoría: un ejemplo claro de cómo el filtro de los valores condiciona la mirada sobre un mismo hecho musical.

El segundo filtro son las creencias, los juicios que tenemos interiorizados sobre lo que está bien o mal, aprendidos primero de la familia y de las personas significativas de nuestro entorno. En un curso de práctica coral universitario se preparó un arreglo de una canción popular muy tradicional, cuyo título hacía referencia a un santo. Después del primer ensayo, un alumno se acercó a decir que por sus creencias religiosas solo le cantaba a Dios y que no se sentía cómodo cantando esa pieza. El conflicto no estaba en la canción: estaba en la creencia que la coloreaba.

El tercer filtro son las necesidades: fisiológicas, de seguridad, de reconocimiento individual, sociales y de desarrollo personal. Un caso típico en el ámbito coral es el de un director que asume un coro con una necesidad de expresión artística que no coincide con lo que el conjunto puede ofrecerle, mientras los propios cantantes ingresaron buscando otra cosa: un espacio de encuentro musical o social. Ese desencuentro de necesidades es un caldo de cultivo habitual para el conflicto.

Los tres elementos de todo conflicto

Ni la relación, ni el problema, por separado, generan un conflicto. Se necesitan los tres elementos juntos.

La relación es el vínculo que obliga a dos partes a relacionarse: dos talleres dentro de una misma institución, por ejemplo. Romper esa relación tiene un costo, pero tenerla no implica todavía un conflicto. El problema es el hecho concreto sobre el que hay discrepancia —compartir una sala de ensayo, superponer horarios— y tampoco alcanza por sí solo: de hecho, negociar es justamente resolver problemas sin que se conviertan en conflicto.

Lo que realmente determina el conflicto es el abordaje: cómo se trata el problema, qué se piensa del otro, cómo se comunica. Ocupar por las malas un espacio compartido en lugar de conversarlo antes no resuelve el problema del espacio: daña la relación emocional entre las partes, y eso sí genera conflicto.

Dónde conviene poner el foco

Gestionar un conflicto desde la relación duele. Gestionarlo desde el problema, imponiendo una solución, tiende a perpetuarlo. La opción que queda —y la más viable— es trabajar sobre el abordaje: cómo se va a enfocar la relación entre las partes de ahí en adelante. Esto implica primero frenar la dinámica negativa que se instala, después reconstruir puentes con una relación distinta (aunque eso signifique disolver el vínculo anterior) y, una vez alcanzado un acuerdo, sostener esa nueva forma de relacionarse en el tiempo.

Para quien dirige un coro, entender estos filtros y estos elementos evita perder tiempo peleando por hechos que no son el verdadero problema, y ofrece un lugar concreto donde intervenir: no la relación, no el problema, sino la manera de abordarlo. Quien quiera profundizar en las habilidades de comunicación que hacen falta para eso puede encontrarlas en el curso Comunicación y liderazgo, y quien busque afinar el trabajo sobre lectura musical con el coro, en Todos leemos música.