Muchos coros vocacionales tienen muchas más voces femeninas que masculinas, así que el formato tradicional de cuatro voces mixtas —soprano, contralto, tenor y bajo— no siempre funciona. Una alternativa es trabajar con tres voces mixtas: soprano, contralto y varítono, una cuerda intermedia entre tenor y bajo que puede cantar un tenor grave, un bajo agudo o un barítono propiamente dicho. El problema es que casi todo el repertorio disponible para coro mixto está escrito a cuatro voces, así que cuando no hay arreglos que se ajusten a las características de un coro puntual —por ejemplo, coros escolares o de pueblos chicos con muy pocos varones— conviene que el propio director arme sus propios arreglos, simples y pensados para integrantes sin lectura musical.
Esta es una guía de diez puntos para lograrlo.
Conviene concentrarse en el registro central de cada cuerda y no guiarse por lo que dicen los libros, porque rara vez coincide con la realidad de cada coro en particular. El tema se desarrolla con más detalle en el episodio Problemas que nos genera hacer una buena clasificación de voces, y también lo explica la profesora de canto Manuela Redes en la primera clase del curso Preparación Vocal para Coros I.
Si la melodía original es muy compleja o la armonía tiene muchos movimientos, el arreglo hereda esa dificultad. Conviene elegir temas con melodía sencilla y armonía simple si el objetivo es que el coro lo aprenda rápido.
Un arreglo es una obra de arte, y si tiene texto hay que conocerlo: quién lo escribió, su estilo, la estructura del poema (estrofas, estribillos, rima), su contenido y cómo se relacionan los acentos de las palabras con los acentos musicales.
Conviene transcribir el tema con la mayor fidelidad posible a la versión elegida como referencia, buscando siempre —aunque no se use como base— la grabación del propio compositor. Determinar la forma (frases, períodos, anacrusas) y el tipo de giros melódicos ayuda a decidir cómo tratar cada parte.
De la melodía sale la armonía básica: tónica, dominante, subdominante, y las notas de paso que no pertenecen a esos acordes. Ese esquema puede enriquecerse después, pero cuanto más complejo el lenguaje armónico —cromático, modal, jazzístico— más difícil será el arreglo para un coro que necesita aprenderlo rápido.
Vale la pena escuchar la versión original y anotar motivos rítmicos o melódicos propios del arreglo instrumental o del género (chacarera, zamba, u otro), aunque no estén presentes literalmente en el tema elegido, para lograr coherencia estilística.
Homorritmia, melodía acompañada, imitación, colchón de acordes: cuanta más independencia rítmica exija la textura entre las voces, más difícil será de aprender. Una textura contrapuntística siempre va a ser más exigente que una melodía con acompañamiento simple.
Hay que elegir la tonalidad considerando tanto la extensión de la melodía original como las tesituras cómodas del coro. Si la melodía es muy amplia y se reparte entre varias voces, conviene dividirla en puntos donde no se rompan las unidades de sentido del texto ni de la música.
Antes de escribir una sola nota conviene decidir la estructura completa: si habrá introducción, interludios, coda, cuántas musicalizaciones distintas tendrán las estrofas. Cada sección nueva es más música para aprender y más tiempo de ensayo, así que este paso ahorra trabajo después.
Recién en este punto se completan las voces como un rompecabezas, respetando las reglas básicas de armonía y contrapunto. Si la melodía principal no está en la voz superior, conviene evitar que esa voz superior use el mismo ritmo que la melodía real, porque el oído tiende a percibir como principal lo que suena arriba. Conviene también volver atrás seguido para cantar cada voz de punta a punta y chequear que fluya, y cuidar dinámicas, articulaciones y todo tipo de indicación para los cantantes: cuantas más decisiones se tomen al escribir, menos tiempo de ensayo se necesita después.
Escribir siempre pensando en tres voces reales, sin imaginar instrumentos ni voces de más. Preferir grados conjuntos y movimiento contrario entre las voces, preparar y resolver las disonancias, evitar que unísonos, octavas, cuartas y quintas paralelas aparezcan por descuido en lugar de ser un efecto buscado. Tampoco conviene abusar de terceras y sextas paralelas: aunque suelen parecer fáciles, a veces son complicadas para la cuerda que no lleva la melodía. Y buscar siempre equilibrio con contraste: largo y corto, rápido y lento, fuerte y suave.
Todos los arreglos a tres voces que se van sumando a la Biblioteca siguen esta misma lógica: quedan pensados para coros que necesitan aprender rápido y sin lectura musical. Tener a mano un repertorio propio con estas características es, para muchos directores, lo que termina de destrabar el trabajo con un coro inicial.