Dirigiendo por primera vez? Diferencias entre estudiar una obra para dirigir, y estudiaría para enseñar


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¿Es lo mismo preparar una partitura para dirigirla que prepararla para enseñarla a un coro que aprende de memoria? No, y la diferencia se nota sobre todo en los directores con menos experiencia, que suelen armar el repertorio a fuerza de ensayo y error: llevan partituras al coro, descartan las que no funcionan y se quedan con las que sí van saliendo. Separar estos dos procesos de estudio ahorra ese camino largo.

El paso previo: estudiar la obra como totalidad

Antes de pensar en enseñar o en dirigir, hay un paso ineludible: estudiar la partitura como obra musical integral. Eso incluye mirar el aspecto melódico, rítmico, armónico, las texturas y el contrapunto; estudiar el texto (si es prosa o poesía, su estructura, su rima, su versificación); investigar al compositor y al autor literario, y ubicar a ambos en su contexto histórico y estilístico. Con ese contexto en mente conviene buscar la mayor cantidad posible de relaciones entre texto y música; sobre esto hay más detalle en La relación texto – música.

Estudiar una obra para enseñarla

En un coro vocacional que aprende de memoria, la mayoría de los ensayos se dedican a enseñar la obra antes de poder "dirigirla" propiamente. En esa etapa, a los cantantes que no leen música les sirve mucho más escuchar un buen ejemplo de lo que tienen que cantar que ver gestos de dirección.

Estudiar para enseñar significa, primero, analizar qué dificultades de aprendizaje puede presentarle la partitura al coro, y después pensar qué estrategias y recursos usar si esas dificultades aparecen. Esto combina el estudio de la obra con la técnica de ensayo: el conjunto de recursos que se usan durante el ensayo para resolver problemas concretos. Sobre esto conviene ver Qué es “técnica de ensayo”?. Lo ideal es tener al menos dos herramientas distintas para cada dificultad detectada, así se evita repetir siempre un mismo pasaje de la misma manera: la repetición excesiva termina afectando tanto la sonoridad como la musicalidad del coro.

Con esas dificultades y recursos identificados, conviene armar un plan de ensayo por escrito: qué sección se enseña primero (por ejemplo, del compás 1 al 10), en qué orden se trabajan las cuerdas (soprano, luego bajo, luego soprano más bajo, después contralto, tenor, y finalmente las cuatro voces juntas) y qué recurso se usa en cada pasaje puntual, como cantar nota por nota con calderones para trabajar la afinación de un acorde o el equilibrio entre cuerdas. Este proceso de estudio y análisis se desarrolla también en Ciclo “Esenciales de la Dirección Coral”- #3: estudiar y analizar, y hay cursos específicos sobre esto: Técnica de ensayo, Estudio y memorización de obras corales I y Estudio y memorización de obras corales II.

Estudiar la misma obra para dirigirla

Para dirigir, el primer paso es memorizar la obra: saber cantar de memoria cada parte y tener una imagen sonora de cómo suenan todas juntas, en vertical. Esa imagen sonora tiene que estar armada antes del primer ensayo, no puede construirse recién cuando se va armando la obra con el coro, porque eso dificulta detectar si el coro está aprendiendo bien o mal.

Con la obra memorizada, el siguiente paso es armar una guía de dirección: una línea de tiempo con todos los compases de la obra donde se anota cada evento que hay que marcarle al coro (una entrada en tal compás, un corte en tal otro, un crescendo, un calderón, etc.). Con esa guía en el atril, frente a un espejo, se practica la dirección de principio a fin: los brazos, pero también el cuerpo entero, los gestos de la cara, a qué cuerda mirar en cada momento y cuándo y cómo respirar para pedirle al coro que respire junto. Hay entradas particularmente complicadas, anacrúsicas o atéticas, que conviene practicar por separado; hay una entrada del blog sobre técnica de dirección: entradas con el brazo no dominante. Y aun frente al espejo, sin el coro presente, conviene trabajar ya con musicalidad: la imagen sonora que se practica no es solo de las notas correctas, sino de la interpretación que se quiere lograr.

Distinguir estos dos estudios ahorra tiempo desde el principio: permite saber qué mirar en la partitura antes de llevarla al ensayo, y evita descubrir recién frente al coro problemas que podrían haberse anticipado con el papel y el espejo.