Una técnica, cualquiera sea, es un conjunto de procedimientos, una serie de pasos o reglas que hay que seguir para obtener un resultado determinado, y que además requiere de herramientas, conocimientos y habilidades específicas. En el caso de un ensayo de coro, ese conjunto de procedimientos varía según se trabaje con cantantes profesionales o con cantantes aficionados.
La diferencia aparece sobre todo en dos aspectos. En lo vocal, porque al cantante aficionado hay que enseñarle a cantar, algo que el cantante profesional ya trae resuelto. Y en la lectura, porque hay que enseñarle la música que está escrita en la partitura, mientras que el músico formado ya tiene manejo del lenguaje escrito y auditivo. Donde prácticamente no hay diferencias entre un coro vocacional y uno profesional es en lo actitudinal: todos los grupos necesitan objetivos claros, un ambiente de trabajo agradable y espacio para las relaciones interpersonales.
La formación técnica de un cantante es, en esencia, individual, como la de cualquier instrumentista. Por eso la didáctica del profesor de canto se centra en el trabajo uno a uno, que es como los directores de coro suelen aprender canto mientras se forman. La pregunta que hay que resolver es cómo trasladar esa manera de enseñar a un espacio de vocalización grupal que rara vez supera los 30 minutos por ensayo. Ese traslado es, justamente, parte de lo que se conoce como técnica de ensayo, porque los procesos, las etapas y los objetivos de un estudiante de canto no son los mismos que los de un cantante de coro vocacional. Si el trabajo vocal queda encerrado solo en esos minutos de vocalización, va a ser muy difícil que el grupo evolucione: hay que poder trabajar el aspecto vocal a lo largo de todo el ensayo, no solo al principio.
Cómo planificar un año de vocalizaciones para tu coroEl aprendizaje de la lectura musical, por lo específico que es, queda fuera de lo que un coro puede lograr como espacio de aprendizaje. Se puede trabajar mucho lenguaje musical en los ensayos, pero pretender que los integrantes aprendan a leer música ahí es pedir demasiado. Por eso, enseñar las partituras requiere de estrategias que lleven a aprender la parte por caminos distintos a la lectura a primera o segunda vista: caminos más relacionados con la memorización a través de la repetición.
Un cantante que sí lee música trae, además, una serie de habilidades muy valiosas: afinación natural y capacidad para controlarla, dominio práctico del lenguaje tonal (con las ventajas que eso trae para el oído armónico), familiaridad con otros lenguajes como el modal de la música renacentista, y la capacidad de disociar la audición interior de la audición del entorno, algo fundamental en el canto grupal. Suplir estas carencias en un coro de cantantes sin experiencia es, precisamente, el desafío central del director de coro vocacional.
Cómo armar un coro de ceroUn instrumentista puede adaptar la dificultad del repertorio a sus posibilidades y a las de su instrumento, y puede cambiar de instrumento si el que tiene no le permite tocar lo que su técnica ya le habilita. Nadie se compra un piano de cola para el primer año de estudio: lo compra cuando su nivel le permite sacarle el jugo. El director de coro no tiene esa opción. Cambiar "instrumento" significaría tener un coro completamente distinto, con otros cantantes y otras posibilidades. Pero eso no habilita a renunciar a la búsqueda de buenos resultados musicales: ese objetivo no es negociable. Adaptar el repertorio a las características reales del grupo con el que se trabaja —sean niños, jóvenes o adultos mayores— es parte de esa búsqueda.
Coros de Adultos Mayores: qué tipo de arreglos elegir?Tener una buena técnica de ensayo permite aprovechar al máximo cada minuto de trabajo, potenciar las mejores características de cada cantante y trabajar las que todavía no están desarrolladas, para que el camino hacia los buenos resultados musicales no se convierta en una tortura ni para el director ni para el coro. Estos son los pilares fundamentales:
Jerarquizar los problemas. Al escuchar al coro aparecen simultáneamente varias cosas para corregir: que sale cuadrado, que está desafinado, que las contraltos se equivocan de nota. La clave es armar mentalmente una lista de esos problemas en orden de importancia, de los más graves a los menos graves, y empezar por los primeros. Los pasos son escuchar, decidir qué se va a trabajar y comunicarlo al coro, y deben darse con velocidad para que el ensayo fluya.
Disponer de una amplia caja de herramientas. Esto exige buena formación como director, usar al coro como un laboratorio de ensayo y error para probar qué funciona y qué no, y tener capacidad creativa para encontrar soluciones. No existen manuales de técnica de ensayo con una lista de herramientas para cada dificultad: hay algunos apuntes sueltos y mucho conocimiento que se transmite de un director a otro, en clases particulares, en la universidad o en cursos de perfeccionamiento. Cada director va quedándose con lo que le funciona.
Para cada parámetro musical hay una herramienta posible: para las dificultades melódicas, rítmicas, armónicas, vocales (agudos, graves, pasajes de la voz) y de interpretación. Lo importante es aprender a crear las propias, sumando un criterio con el análisis de la partitura.
Un primer ejemplo: si el criterio es ahorrar pasos —porque el tiempo de ensayo siempre es poco en un coro vocacional— y el análisis de la partitura muestra que hay una melodía que pasa por todas las voces, surgen dos herramientas. Una es vocalizar con esos motivos antes de empezar a enseñar la obra, para que el coro se los vaya aprendiendo de antemano. La otra es enseñar las partes en común a todas las cuerdas al mismo tiempo, en lugar de repetir la misma melodía voz por voz.
Un segundo ejemplo: si el criterio es planificar el ensayo, sumado al análisis de las dificultades que presenta la obra, la herramienta que surge es armar un plan de ensayo con los pasos previstos y las estrategias a usar para cada dificultad —trabajar con todas las cuerdas juntas, por separado, con ejercicios de vocalización específicos, etc.—. Ese plan, anotado en la partitura o en un papel aparte, evita tener que improvisar en el momento.
Diagnosticar correctamente. Por sobre todas las cosas, una buena técnica de ensayo requiere un ejercicio de empatía: poder ponerse en el lugar de los cantantes para entender el verdadero origen de cada dificultad, y no aplicar soluciones pensadas para un problema distinto del que realmente hay que resolver.
Estos pilares —jerarquizar, tener herramientas variadas y diagnosticar bien— son la base sobre la que se puede construir una técnica de ensayo eficiente para trabajar con coros vocacionales.
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