Hay un tipo de pasaje que se repite en casi cualquier repertorio coral: una melodía con notas repetidas en la parte alta del registro medio, o directamente en el agudo, sin descansos. Cuando el coro llega ahí empieza a notarse que se cierra la garganta, que el timbre se vuelve chillón, que cuesta cantar con volumen y que si se fuerza la voz para sacar más sonido, se termina disfónico. También puede pasar con melodías que sí tienen descansos pero llegan al agudo de manera repetida y quebrada: la musculatura no llega a relajarse entre un pico y el siguiente, y la tensión se va acumulando igual.
Esas tensiones dejan huellas bastante identificables en el sonido del coro: la cuerda afectada empieza a calar (bajar la afinación) o, al revés, a escalar (subirla), y ese corrimiento se contagia primero a los compañeros de cuerda y después al resto del coro. A veces conviven dos afinaciones dentro de la misma cuerda, cuando los cantantes más seguros —los jefes de cuerda, por ejemplo— mantienen el tono pero no logran arrastrar a los demás. El timbre se vuelve apretado y poco natural, y como consecuencia el empaste general se resiente.
La solución permanente para este problema pasa por la técnica vocal: si el director no tiene las herramientas para trabajarla, conviene sumar a un preparador o preparadora vocal. Pero mientras ese trabajo de fondo avanza, hay un principio útil para la técnica de ensayo —el modo en que se organiza y conduce cada ensayo—: sin un trabajo apropiado de técnica vocal, solo es posible evitar que ciertos músculos se tensionen provocando tensión en otros músculos que no participan directamente del canto. En otras palabras: distraer al cuerpo con otro movimiento para que no se cargue de tensión donde canta.
A partir de ahí surgen varios recursos, todos con una condición previa: la parte que se va a trabajar tiene que estar bien aprendida, preferentemente de memoria.
Transportar por octavas. Si el pasaje es agudo, se canta primero una octava más abajo buscando el sonido relajado. Una vez logrado, se sube un intervalo —por ejemplo una cuarta— pidiendo que se conserve esa misma relajación, y desde ahí se sigue subiendo por tono o semitono hasta volver al tono original, tratando de llegar con otro tipo de tensión (o mejor, sin ella).
Sacudir el cuerpo. Con una nota aguda y larga, o con una melodía de notas repetidas incómoda, se le puede pedir al coro que sacuda una pierna —como si tuviera algo desagradable pegado en la punta del pie— primero desde el tobillo, después desde la rodilla, después la pierna entera. Lo mismo con un brazo, desde la muñeca, después desde el codo, después el brazo completo. Y como tercer paso, sacudir pierna y brazo opuestos a la vez, cuidando que no se pierda el equilibrio ni la concentración en el sonido.
Movimientos desde el abdomen. Para resolver agudos puntuales sirve cantar con los brazos extendidos y flexionar apenas las rodillas al llegar la nota, como una mini sentadilla, sumando incluso un movimiento ascendente de los brazos. También funcionan movimientos tomados del Tai Chi Chuan, o algo más lúdico: poner una silla o un banquito delante de cada cantante, con un pie ya arriba, y pedir que suban el otro pie justo al llegar el agudo. Con adultos mayores, en lugar de subirse a algo, alcanza con pedir que levanten los talones en ese momento.
Otras variantes: adelantar una pierna y flexionar la rodilla de adelante al cantar el agudo, sumando o no el movimiento de brazos; caminar mientras se canta; llevar la pera alternativamente hacia un hombro y hacia el otro; trasladar el peso del cuerpo de una pierna a la otra; o levantar una rodilla dibujando un semicírculo hacia afuera, alternando piernas.
El cambio de sonido y de afinación que producen estos movimientos suele sorprender la primera vez que se prueban. Pero no hacen magia: después de usarlos hay que trabajar para que el coro consiga el mismo resultado sin necesidad de moverse, porque nadie quiere ver a un coro haciendo sentadillas arriba de un escenario. Ese aprendizaje permanente lleva tiempo, y vuelve, otra vez, al trabajo de técnica vocal de fondo.
Estos recursos completan lo que se puede repasar en el Curso de técnica de ensayo I, y se enmarcan en una mirada más amplia sobre la gestión del día a día de un coro vocacional, la que se desarrolla en lo coral no son los coros.
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