Después de ver cómo organizar los brazos gracias a La técnica de dirección, después de trabajar el ensayo, de aprender a estudiar y analizar las partituras y de trabajar la técnica vocal con los cantantes, llega el turno de la interpretación de obras corales: el momento en que converge todo el trabajo previo y se hace música en vivo frente a un público.
La interpretación es el momento de la expresión. Ahí se juntan la sensibilidad musical del director, su experiencia previa (haya dirigido, cantado o tocado antes), el conocimiento del repertorio y el coro que tiene enfrente. No importa si es un concierto importante o una actuación en medio de un acto escolar: ese instante en que el director y el coro hacen música juntos es único e irrepetible. Grabarlo en audio o video no lo reemplaza, porque escucharlo grabado ya no es lo mismo que vivirlo.
La interpretación se construye haciendo relaciones: entre el texto y la música, entre los elementos musicales y lo que se conoce del compositor o del arreglador, entre el texto y su contexto histórico y estético. Todo ese material sale del trabajo previo de estudiar y analizar la partitura, que deja disponible información sobre la música, el texto, el contexto de la obra y sus autores.
Un ejemplo: si en un arreglo el texto habla de dolor o tristeza y el arreglador armonizó ese pasaje con muchas disonancias, se puede concluir que busca expresar esa temática desde lo musical (un recurso que se usa desde el siglo XVI). A partir de ahí, el director puede decidir trabajar con el coro la dinámica, la articulación y el fraseo para resaltar esas disonancias y reforzar lo que el texto transmite.
Hacer música no es una ciencia exacta: siempre hay varias maneras válidas de resolver un pasaje. Como no conviene probar distintas soluciones en el ensayo —una vez que se le pide al coro cantar algo fuerte y ligado es difícil después pedirle piano y staccato—, ese proceso de decisión conviene hacerlo antes, en casa, con la partitura.
La toma de decisiones consiste en pasar las opciones que dejó el análisis por el filtro de la propia sensibilidad musical y la experiencia previa. Es importante no copiar decisiones de otros directores ni de versiones escuchadas en internet: si una obra se hace más rápida o más lenta, esa decisión tiene que salir de lo que la propia sensibilidad musical sugiere, no de imitar a otro coro o director. Ahí es donde deja de haber interpretación propia.
Las decisiones tienen que tomarse en todos los parámetros: dinámica y microdinámica, articulación, fraseo, tempo y microtempo, sonido del coro.
El director sueco Eric Eriksson planteaba en su libro de dirección coral que una buena interpretación a cargo de un coro debe buscar lograr:
Intensidad de frase, claridad de articulación, expresión musical del texto, buen sonido coral y dinámica vívida.
Son conceptos que pueden sonar imprecisos, pero si se los mira de cerca abarcan justamente todo lo trabajado antes: dinámica, articulación, fraseo, sonido y tempo. Ningún coro logra estos cinco puntos al máximo, pero tenerlos como objetivo hace que el público note la intención musical detrás del trabajo, incluso con un coro limitado.
El coro es el instrumento a través del cual se expresa la interpretación, pero está compuesto por personas con su propia sensibilidad y sus propios recursos. Por eso es clave llegar al ensayo con la partitura ya anotada: todas las decisiones tomadas por escrito, para poder explicarlas con precisión y sin contradecirse de un ensayo a otro. Si además se puede cantar cómo se quiere que suene un pasaje, la comunicación es mucho más efectiva. También conviene que el coro tome nota de lo que se le pide, para no tener que repetir indicaciones ya dadas.
En Curso de interpretación de obras corales I se recorre paso a paso este proceso —la relación entre texto y música, la toma de decisiones— aplicado a dos ejemplos concretos: una obra académica y un arreglo de música popular.
Para transmitir estas decisiones al coro de manera clara y ordenada también sirve Curso de técnica de ensayo.
Preparar el instrumento vocal del coro es parte de este mismo proceso: trabajar la postura y la respiración de los cantantes es central para lograr el sonido que se busca, y es justamente el eje de Técnica vocal para el trabajo en el coro.
Se analiza por separado la música y el texto, y se estudia el contexto histórico y estilístico del compositor, del autor del texto y de la obra, sea académica o popular. Se buscan la mayor cantidad de relaciones posibles entre toda esa información, hasta llegar a una comprensión global de la obra. Con eso se toman decisiones, pasándolas por el filtro de la propia sensibilidad musical, sin ir en contra del instinto. Se anota todo en la partitura antes del ensayo, se busca la manera más efectiva de comunicarlo al coro, y se ensaya apuntando a los objetivos de intensidad de frase, claridad de articulación, expresión del texto, buen sonido y dinámica vívida.
Cada actuación es apenas un corte en un proceso que puede durar meses o años. Así como la interpretación es un momento único e irrepetible, también puede seguir variando y mejorando con el tiempo.
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