¿Cómo se le indica a un coro que cante más fuerte o más suave sin usar palabras? La respuesta empieza por el tamaño del gesto, pero no termina ahí: también entra en juego la postura, la cara y la respiración de quien dirige.
Cuanto más fuerte tiene que cantar el coro, más grande es el gesto; cuanto más piano, más pequeño. Pero ese crecimiento tiene un límite espacial: si el gesto sube por encima de la altura de los hombros, se le está pidiendo a los cantantes que respiren en una zona de tensión, la misma que siempre se les indica evitar en la técnica vocal. Por eso el gesto de forte y fortísimo tiene que mantenerse dentro del mismo ámbito de trabajo (la zona entre la altura de los hombros y la cintura, a una distancia del cuerpo similar a la que ocupan los brazos extendidos hacia adelante) que ya se explicó al hablar de los planos y de la postura inicial.
Técnica de Dirección: la postura inicial y técnica de dirección: plano horizontal y vertical desarrollan ese ámbito con más detalle.
El crescendo no es solo cuestión de brazos: la cara, los ojos, la boca y la actitud corporal también tienen que sugerir ese crecimiento. En el piano y el pianísimo el cuidado es al revés: hay que evitar que el cuerpo se cierre o se achique hacia adelante, porque ese gesto le sugiere al coro que cierre la garganta y bloquee la respiración. Cantar piano exige, de hecho, más relajación que cantar fuerte. La postura se mantiene erguida, con la zona del diafragma abierta, y el gesto se achica sin que el cuerpo se cierre.
Hay una regla útil tanto en la técnica de ensayo como en la técnica gestual: el crescendo empieza piano y el diminuendo empieza fuerte. Si no se marca así, el coro tiende a confundir un crescendo con un forte súbito, o un diminuendo con un piano súbito. Al dirigir, conviene tener presente que el tempo no se acelera al crecer ni se frena al disminuir, y que crecer no implica acentuar: puede haber un crescendo con articulación ligada o un diminuendo con articulación marcada, sin que la marcación de dinámica se confunda con la de la articulación.
Un ejercicio para practicar la coordinación es alternar compases: un compás fuerte, un compás piano, después fortísimo, después pianísimo, primero con subdivisión binaria y después ternaria, manteniendo siempre el mismo pulso. A ese ejercicio se le puede sumar la suspensión, el gesto sostenido y continuo entre pulsos que evita cortes bruscos en la marcación.
La suspensión retoma ese concepto con más detalle.
Cuando la dinámica cambia de golpe, lo importante es la anticipación: el levare, es decir, el gesto que prepara el cambio un tiempo antes de que ocurra, tiene que anunciar ese piano o forte súbito con claridad, sin que el cambio dure uno o dos tiempos de más. Ejemplos de este tipo de cambios abruptos aparecen en obras trabajadas en el curso, con piano y forte súbito, y hacia el final un pequeño diminuendo. En Pange lingua, por ejemplo, hay pianísimo en todas las voces, luego un crescendo al mezzo piano, la entrada del barítono sobre ese mismo crescendo, y después un diminuendo al piano. En la serenata para la tierra de uno hay una introducción en blancas con mezzo piano y diminuendo, seguida de una estrofa en cuatro cuartos con mezzo piano, crescendo al mezzo forte y un nuevo diminuendo.
Sobre cómo preparar y anticipar cualquier tipo de entrada, Técnica de Dirección: Entradas y cortes, Técnica de Dirección Coral: entradas con el brazo dominante, Técnica de Dirección: brazo dominante y entradas con el brazo no dominante desarrollan el tema con más detalle.
Un ejercicio simple para incorporar el criterio de gesto grande/gesto chico es abrir y cerrar los brazos coordinando con la respiración: se toma aire al abrir y se suelta al cerrar, sin que el cuerpo se cierre nunca del todo, porque la postura de un cuádruple piano tiene que sostenerse igual que la de un fortísimo. Puede hacerse también con semicírculos. Este ejercicio se apoya en la independencia de brazos, la capacidad de que cada brazo cumpla una función distinta sin perder coordinación entre sí.
Técnica de Dirección: Independencia de brazos y ejercicios cotidianos de independencia de brazos amplían ese trabajo con más ejercicios cotidianos.
Cada director va a encontrar sus propios gestos para marcar dinámica: lo que importa conservar es el criterio de tamaño, la anticipación en los cambios súbitos y la conexión constante entre el gesto y la respiración, tanto la propia como la del coro. Ese es el punto de partida para controlar el sonido sin generar tensiones que después haya que corregir en el trabajo vocal.
El tema se desarrolla en profundidad en Curso de Técnica de Dirección coral II, y las claves generales de la técnica gestual están reunidas en Ciclo “Esenciales de la Dirección Coral”- #1: la técnica de dirección.
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